jueves, 12 de octubre de 2017

GARBO - 3 de Octubre de 1.973 - España


SARA MONTIEL
VIVE EN CASA DE VICENTE PARRA

Se mueve como Pedro por su casa, sólo que Sara no vive en la suya. Ni siquiera sabe si Vicente Parra, su eterno anfitrión, ha salido o está por cualquier habitación. A veces se ven un segundo y se preguntan con toda naturalidad si han estado de viaje o es que no han coincidido a las horas de las comidas. Así ocurre y nadie se extraña. Han pasado tres años desde que a Sara Montiel se le ocurrió bajar seis pisos más y dejar su ático. Tres años que han revolucionado, destrozado, desorganizado la vida serie y siempre igual de su amigo Vicente. (“¿Esperáis a Sara? Pues quién sabe lo que habrá decidido hacer. Aunque os haya citado a las doce en punto no significa nada. Si la veis le dais recuerdos de mi parte porque yo tengo que salir”.)


“SOY UNA MAGNÍFICA PROFESIONAL”
Y a la una, después de llamar varias veces por teléfono, rogando que no nos fuésemos, llegó Sara.
-¡Qué mañana, pero qué mañana llevo! Entre el notario, el abogado y el trabajo enorme que tengo, no sé ni la hora que es. Pero eso sí, si yo digo que vengo, pues vengo. ¿Con retraso dices? Ah, no; eso no. Recuerda que te dije de doce a una. ¿Qué no dije eso? Juraría que sí lo dije.
Y yo juraría que Sara me está engañando, envolviendo, hipnotizando, porque un minuto después de su charla era yo la que pedía disculpas por haberme adelantado.
-Y es que os empeñáis los periodistas en ver en mí a una mujer distinta de la que soy en realidad. Soy una mujer fácil, asequible, buena compañera y conocedora de su trabajo. Ya sé que dicen que soy una “sabelotodo”, pero lo que ocurre es que soy una magnífica profesional y no se me escapa nada. Conozco las luces apropiadas porque he aprendido fotografía en el Museo del Prado, simplemente viendo a Velázquez se saben los primeros, los segundos y los terceros términos de luz. Elemental, querida, elemental. Quizá sea lo que moleste a los que no tienen ni idea de su propia profesión.
-Destruyamos entonces el tópico de una Sara pasional y convirtámosla en una Sara tranquila.
-Mujer, tranquila, tranquila… pues tampoco. Soy más bien educada.
-¿Y qué hacemos entonces con esa fama de mujer con un vocabulario… un poco fuerte?
-¡Pero qué manía en presentarme mal! Es que todo depende de la persona que tienes enfrente y como ella te hable. Yo soy una mujer, pero que muy normalita. Es decir, soy normal dentro de la anormalidad en que me desenvuelvo, y anormal dentro de lo normal. ¿Me explico?


SARA Y EL AMOR
Con respecto al amor se explica… un poco menos claramente. Habla de su marido y de pronto no quiere seguir hablando de su marido. Yo pienso que nunca ha tenido hijos y ella me contesta que sí, que los ha tenido. Tres exactamente. Uno con Anthony Mann y los otros dos de su segundo marido, como ella misma dice:
-Pero se murieron. Uno se malogró de ocho meses y los otros dos también en un accidente muy grave.
Ante la palabra amor, a Sara se le iluminan los ojos. Se siente libre en el terreno sentimental, abierta al amor, esperando al amor. No se siente ligada a nadie, acepta lo que viene y lo desecha de la misma manera.
-No creo que nadie logre la exclusividad en mí. Soy así. Hasta cuando trabajo capto el amor del público. En el Parque de Atracciones tuve una experiencia única. ¿Puedes imaginarte a cuarenta mil personas gritando: “¡Sara, Sara, Sara, pero qué “buena” estás!” Maravillosa sensación. Estuve a punto de llorar emocionada. Y entonces se me ocurrió decir por el micrófono: Por favor, ¿hay algún médico en la sala? Pues que no se moleste en venir, porque era sólo para que viese lo buena que estoy… ¿Te imaginas la reacción de la gente? Fue algo magnífico de verdad.


Lo que es innegable es que Sara no es una mujer vulgar. Algo fantasiosa, algo embarulladora, pero con una intuición fuera de lo normal.
-Yo no soy una mujer preparada. Ya sabes que mis padres no pudieron darme estudios. Y mi única defensa es la intuición, ni siquiera la inteligencia. He tenido que prepararme ya de mayor y me ha costado mucho más que si hubiese empezado de pequeña. En fin, que no sabía hacer una o con un canuto.
Se me ocurre pensar que ha sido una suerte. Una Sara cultivada desde la infancia sería algo sencillamente inaguantable. Mejor dicho, sólo hubiera llegado a ser María Antonia Abad.

Texto: MARIEL
Fotos: ELPEZ


EL RECORTE CCLXII
La amistad de Sara con Vicente Parra duró décadas y fue de las pocas que mantuvo con gente del mundillo artístico. Como toda amistad, esta pasó por altos y  bajos. De los segundos y de la consiguiente reconciliación nos habla este, breve, artículo de Lecturas con fecha 28 de Septiembre de 1.973. 


Vuelven a ser más amigos que nunca
SARA MONTIEL
Y VICENTE PARRA
FELIZ RECONCILIACIÓN

Sara Montiel no puede dejar de ser noticia. Sus películas, actuaciones o declaraciones hacen que nuestra Sarita sea noticia constante. En esta ocasión la reconciliación con Vicente Parra, es el tema. 


Pasaron una temporada enemistados. Ya no se les veía juntos en los actos sociales, en los que antes eran inseparables, pero la amistad era demasiado fuerte, como para no prevalecer. 


Sara Montiel ha venido actuando estos días en el Parque de Atracciones de Madrid. El éxito ha sido completo a juzgar por el numeroso público que ha llenado cada noche el Parque. 

Sarita Montiel o Sara Montiel con sus cuarenta años, según confiesa, acaba de reconciliarse con su amigo de siempre Vicente Parra. Pasaron una temporada un poco enemistados, pero no podían seguir así, su amistad es profunda y totalmente desinteresada. Hemos tenido ocasión de fotografiar a los dos juntos.
Para Sara la amistad es una de las grandes virtudes que tiene la condición humana, por eso ella siempre ha hecho un culto de la amistad y de los amigos.
Sara se siente joven, por eso no duda en lucir las generosas curvas, está muy bien todavía para la época del destape y no le importa hacerlo. Estos días en el Parque de Atracciones sola en el escenario del teatro y con un micrófono en la mano y la pasión al cantar llenó totalmente el recinto.


Sara dice que se siente joven a sus cuarenta años -son los que confiesa- y que todavía triunfa en la época del destape. 

Afirma también que sigue teniendo más atractivo que antes. También recuerda que el físico  no fue lo que la colocó en las alturas sino su manera de interpretar y cantar, siente cierta nostalgia de aquel “Último cuplé” que la lanzó y consagró de una manera rotunda, aunque ella ya era famosa antes. Ya había rodado junto a actores de la talla de Gary Cooper y Burt Lancaster en la película “Veracruz” que ahora se está reponiendo. En esa película vemos a una jovencísima Sarita Montiel haciendo de india. Fueron años durante aquéllos  nos dice la estrella. Vicente Parra la mira con afecto, con mucho afecto. Los dos se apoyan uno al otro.


Para Sara la amistad es una de las grandes virtudes que tiene la condición humana, por eso ella siempre ha hecho un culto de la amistad y de los amigos, y Vicente Parra forma parte de ambas cosas. 

(Agencia DELFOS)


LA FOTO CCLXII


Esta imagen fue la que la diva mantuvo en los primeros años '70. 

domingo, 1 de octubre de 2017

DIEZ MINUTOS - 29 de Enero de 1.972 - España


FAMOSAS en la INTIMIDAD
SARA MONTIEL

Lujosamente abrigada, Sara les invita a pasar la página y entrar en su hogar. 

La Sara nacional, o la “Saritísima”, como se la llama ahora, no ha podido mostrarnos su casa madrileña, como sería su deseo, ya que se deshizo de ella al morir su madre, por motivos sentimentales, pero no ha tenido inconveniente en enseñarnos la “Pensión Parra”, que es donde se aloja. Sara Montiel, en estos momentos, y dado que no tiene casa en Madrid, vive habitualmente en casa de su gran amigo el también popularísimo actor Vicente Parra, y allí desarrolla su vida cotidiana. ¿Hace falta decir que Sarita sigue tan guapa como siempre? Según sus propias palabras, no acostumbra a hacer ningún cuidado especial de su cara, aunque sí usa unas cremas hidratantes y de limpieza. Según ella, la mejor receta para la piel es no hacer excesos en las comidas, tomar mucha fruta, no probar el alcohol y dormir un mínimo de ocho horas diarias. El resto, también según sus propias palabras, “es de nacimiento”.
Indiscutiblemente, la Montiel está en un momento óptimo de su carrera, aunque su popularidad nunca decreció, debido no sólo al éxito de la bardeniana “Varietés”, sino también a esa oportuna revisión que T.V.E., ha hecho de “Locura de amor”, “El último cuplé” y “Mi último tango”, demostrando a la vez que su éxito no fue precisamente casual.


De "short" y "midi" a la vez.

Sara Montiel piensa ponerse de nuevo ante las cámaras en el mes de mayo, aunque aún están sin concretar los tres proyectos que tiene entre manos. Uno es netamente español, otro en coproducción con Italia y dirigido por Vittorio de Sica, y el otro sería junto a una serie de nombres internacionalmente famosos, entre los que estaría el de Richard Burton. Sobre éste último asunto, Sara me dijo: “Es bonita la idea, aunque un poco difícil de realizar, ya que el problema principal consiste en encontrar fechas libres entre los seis u ocho actores que intervendríamos, dado que todos son importantísimos y de primera línea. El proyecto sigue adelante, aunque no creo que pueda llevarse a cabo antes de un año y medio o dos”.

HALL Y SALONES


Así, pasa , a veces, el tiempo.

Para invitarnos a pasar a la “Pensión Parra”, Sara Montiel, vistió un carísimo abrigo de pieles, de esos que hacen palidecer de envidia a las señoras. Luego dentro, en el salón, cambió este atuendo por otro compuesto a base de “mino-short” y abrigo “midi”, de lana negra bordado en lana color naranja. En este salón, amplio y acogedor, de estilo clásico y amueblado maravillosamente, con una de las paredes cubierta de valiosos cuadros, Sara recibe a las visitas y escucha discos en compañía de Vicente, siempre a la caída de la tarde o en la noche. En otro salón, con gran librería blanca suele ver la TV.


En un cómodo y lujoso salón, la biblioteca. 

EN LA COCINA
Tras hacernos una demostración de que sabe servir el té, como en el “play back” de “Las camareras”, Sara nos demostró que en el “office” de la casa de Vicente (amplísimo y decorado en blanco y azul) se siente como pez en el agua. Primero nos dio la receta de un plato típico de su tierra, las gachas manchegas, y luego nos contó cómo pensaba aderezar unas cabezas de cordero que iban a ser su plato de esa noche.


Dominios... no muy bien dominados. 

SU RECETA
Gachas Manchegas: Con aceite de oliva se fríen ajos, trozos de hígado de cerdo y tocino, añadiéndole un poco de pimienta y suficiente harina de “titos”. Luego se le va añadiendo agua hasta que se ha conseguido la soltura deseada.
Cabezas de cordero: Se sazonan con especias y perejil las cabezas, previamente partidas en dos, y se les pone al horno hasta que están bastante pasadas. Si se riegan con un poco de vino blanco quedan aún más sabrosas.

EN EL BAÑO
A Sarita le gusta más ducharse que bañarse, y según nos cuenta, el agua debe ser caliente y fría a intervalos. Esto facilita la circulación de la sangre y tensa la piel. El baño, lo toma más bien como forma relajante, y lo recomienda antes de irse a dormir. Así que ya lo saben: ducha por la mañana y baño por la noche. El juego de toallas de la Montiel, así como las cortinas del baño, sin de un rojo subidísimo. 



Sólo de ver las toallas, se nota sensación de calor. ¿A qué sí?

COMO DUERME
Vicente Parra, gentil con su invitada, le ha cedido su propio dormitorio. Esta pieza es amplia y acogedora, con una cama grande, cuya colcha de ganchillo, de color rojo, ha sido tejida por la madre de Vicente. Aquí, Sara Montiel descansa, aunque dice que poco, porque los ruidos de las obras de la Plaza de España no la dejan dormir bien, lee revistas y contesta la correspondencia en una pequeña mesa que hay en un rincón de la estancia. Su prenda favorita para dormir suelen ser unos amplísimos camisones de seda natural, todos ellos en tonos pastel.


He aquí uno de sus camisones preferidos.


Y con esta sonrisa, Sara se despidió de nosotros, tras la visita a su hogar provisional. 

SU “HOBBY”
Sara Montiel nos dijo que no tiene ningún “hobby” determinado y tan fuerte que llegue a ser tal, aunque le encanta “echar” las cartas a sus amigos.


(Escribe TRIALASOS.)
(Fotos: CUENCA.)


SARA MONTIEL,
premio “Vip” de 1.971
(De cómo un prendedor no pudo ser colocado en el lugar habitual)
Un hotel de Madrid instituyó el año pasado los premios V.I.P. (Very Important Person), consistentes en un prendedor de oro y brillantes para las señoras y unos gemelos ídem de ídem para los caballeros. Se trata del hotel Monte Real. En la pasada edición lo recibieron Natalia Figueroa y el marqués de Villaverde, y en la actual, la actriz Sara Montiel y el humorista Antonio Mingote. Dicho premio, que seguirá otorgándose cada año, ha adquirido ya una alta cotización entre los presuntos y futuros poseedores de él, que estarán siempre entre las gentes del mundillo artístico, social y literario.
Natalia Figueroa y Julio Torrija –director del citado hotel- resultaron unos eficacísimos anfitriones en el cóctel, recibiendo a los invitados, rompiendo los “hielos” iniciales y atendiendo a todos con suma gentileza… Vi juntos, tomando el primer whisky de la noche a cuatro de nuestros más afamados galanes, todos ellos solteros cotizados. Me refiero a Vicente Parra, Julián Mateos, Ángel Aranda y José Rubio, que se contaban mutuamente sus proyectos. Vicente hablaba de su próxima película con Paquita Rico; Julián, de su auténtica vocación: la vida contemplativa; Ángel, de su éxito en TV. y del gusto que le ha tomado a este medio, y Pepe de la compañía teatral que forma, para interpretar “La tercera palabra”, junto a Gloria Cámara, con la que desmiente romance. Cuando los emplacé para que se fotografiaran juntos, uno de ellos me dijo, bromeando: “Por favor, cuando pongas pie a esta foto no la titules ‘Mundo camp’…” A Camilo Sesto, único representante del mundo de la canción en el acto, le vi charlando casi toda la noche con la princesa Carmen de Hohenlohe. Camilo está enamorado, su amor pertenece al mundo del cine, pero no le gusta la palabra novio. Al tiempo… El director Agustín Navarro charlaba intensamente de cine con el actor español afincado en Méjico, Carlos Piñar. No pude enterarme bien de su conversación, pero la palabra “coproducción” sonó varias veces, así como el nombre de la actriz mejicana Jacqueline Andere, que por lo visto es una de las más prestigiosas de allá, y con un palmito que nada tiene que envidiar al de Fanny Cano…
La esposa de Agustín Navarro, Carmen de la Maza, hizo causa común con Teresa del Río (sin Marsillac). Esta última era la única rival de Sara Montiel, en cuanto a escote se refiere, porque Sarita llegó con un traje de Dior, en gasa negra y brillantes, que ya, ya. Un servidor, que ya está un poco acostumbrado a este tipo de generosas exhibiciones de la Montiel, me quedé al verla casi sin respiración, como casi todos los presentes. Pero ella, tan fresca, ¡y tan guapa!, que todo hay que decirlo… Pedro Osinaga asistió en compañía de Tomy, su mujer, que también llamó la atención lo suyo, con un vestido de gasa transparente y dos manos de brillantes en el sitio que ustedes pueden ver en las fotografías. Pedro me dijo que ha terminado cansadísimo de la obra “Un millón de rosas”, junto a Conchita Márquez Piquer, y que anda en conversaciones con Manolo Collado para hacer una próxima obra teatral con María José Goyanes…


UN DIVERTIDO INCIDENTE
Natalia Figueroa brinda con los premiados, Sara y Mingote. Obsérvese que Sara lleva su V.I.P. prendido en la cintura (dentro del círculo), en la foto de arriba, Natalia bromea con Sara al no poderla prender el distintivo de V.I.P. debido al gran escote de la actriz. 


José Luís López Vázquez, muy serio y muy elegante con su chaqueta de raso brochado, tiene película importante a la vista, pero no quiso soltar prenda por aquello del “gafe”… Laura Valenzuela, con traje de señor, asistió con su marido, el productor José Luís Dibildos, y me ratificó su promesa de no incidir en ningún tipo de actividad artística. De su hija, Lara Paula, hablaba y no paraba… También vi por allí, entre copas y canapés, a la princesa Cristina de Baviere (muy alta y muy elegante), y a José María Forqué, con su “Cera Virgen” en censura.
Tras el cóctel, la cena, y tras ésta los discursos, breves, concisos y acertados. Primero habló Natalia Figueroa, ensalzando las figuras de Mingote y Sara, y a continuación respondieron los homenajeados. Entre las frases que pronunció Mingote, estaba la que sigue: “Vuestra amistad me ha nombrado importante. Soy importante, pues, mientras vosotros sigáis siendo amigos míos.” Sara, por su parte, dijo: “Soy muy tímida, aunque mi escote demuestre lo contrario, y sólo voy a decirles que ya que ustedes me han hecho importante con esta insignia, me obligan con ello a tratar de seguir siéndolo. Espero no decepcionarles.” Acto seguido, Natalia entregó a Mingote sus gemelos V.I.P. y a Sara trató de prenderla su broche, aunque dado el tremendo escote de ésta, tuvo que optar por prendérselo en la cintura.
Terminada la cena, los invitados al acto pasaron a la discoteca, donde comenzó el baile. A los acordes de sí misma (en el tocadiscos sonaba una de sus canciones) Sara abrió el baile con Mingote.
Mediada la fiesta, a la que se incorporaron actores que trabajaban en el teatro, el cuadro flamenco del “Café de Chinitas” ofreció un bonito y animado espectáculo, que tuvo un cierre de broche de oro con las gentiles intervenciones de Rosario y Pilar López.


EL RECORTE CCLXI
Entre las muchas novedades que los '70 trajeron para Sara, la actriz tuvo que enfrentarse, además, con el mejor de sus humores, a los continuos rumores sobre su aspecto físico. Buena muestra es esta entrevista que concedía para Semana, en su número de 8 de Mayo de 1.976, con un fascinante reportaje fotográfico. 



LA GRAN ESTRELLA NOS RECIBIÓ, CON SU NUEVA Y SORPRENDENTE SILUETA, EN SUS “POSESIONES” DE MALLORCA
El “milagro” de
SARA MONTIEL:
ha adelgazado quince kilos en sesenta días
*REVELACIÓN: SU PASADA GORDURA NO ERA DEBIDA A LOS BOCADILLOS DE MORCILLA (COMO ASEGURABAN ALGUNAS COLEGAS SUYAS), SINO A UN PROCESO EDEMATOSO

Nabuguesa es una montaña que se asoma audazmente a la ciudad de Palma.
Se llega a su cúspide por un zigzagueante e infernal camino de tierra violentamente batida por las avenidas de agua.
Tras la penosa “escalada”, el viajero puede disfrutar del maravilloso premio: una vista fantástica de la isla de Mallorca.
En tan hermoso lugar se alza “Lady-Cuchi-Boy”, la fastuosa posesión mallorquina de Sara Montiel. Se llama así en homenaje a los tres perros de la actriz: “Lady”, una papillón; “Cuchi”, una caniche y “Boy”, un mastín mallorquín negro como el charol.
A la puerta del chalé nos esperan Carlos y “Boy”. Carlos es el mayordomo perfecto. Habla poco, es atento y educado. Va uniformado. Quizá tenga una larga e interesante historia.
-La señora les espera.
El gran salón de “Lady-Cuchi-Boy” comunica con la terraza corrida, que parece estar colgada sobre Palma. El panorama que se contempla desde aquí es inenarrable: toda Palma y casi toda Mallorca, desde El Arenal hasta Palma Nova. El majestuoso abanico de la bahía. Más allá, la isla de Cabrera. A nuestros pies, los castillos de Bellver y el palacio de Marivent, residencia de los Reyes de España. Y los chalés de Camilo José Cela y Joan Miró.


“MILAGRO” MONTIEL
Pero la mayor sorpresa me la reservaba la dueña de “Lady-Cuchi-Boy”. Porque la Sara Montiel que compareció ante mí no guardaba relación alguna con la Sara Montiel de hace poco más de un mes. Podríamos decir, como en las novelas, que cualquier parecido entre ambas es pura coincidencia. Me quedé asombrado al verla aparecer. Sara, con una de sus peculiares sonrisas, reveló que le agradaba mi asombro.
Lógico: esta mujer ha adelgazado quince kilos en sesenta días.
-Ya lo ven… Ahora peso cincuenta y un kilos. Y aún tengo que adelgazar más para luego poder “manejarme” entre los cincuenta y los cincuenta y cinco. Y si les digo qué talla uso ahora no se lo van a creer. La 40. Hace un par de meses usaba la 48, ya rozando la 49.
Estaba orgullosa de su proeza. Porque proeza es pasar en tan poco tiempo de “gordita” a esbelta.
-¿Cuál es el secreto de tan sorprendente y drástico adelgazamiento?
-No hay tal secreto, sino un magnífico tratamiento que me puso un doctor catalán, cuyo nombre no digo por no herir su natural modestia.
-A base de pasar hambre, ¿no?
-Pues, no. De pasar hambre nada. Y, además, tengo la tensión compensada.


Sara tiene un chalé en un lugar privilegiado de Palma. Aquí vemos a la famosa estrella en una de sus estancias, amueblada y decorada con gusto y personalidad. 

En efecto: Sara, por su aspecto, no delataba necesidad alguna. Su aspecto era estupendo. Al librarse de tantos kilos de más, también se ha librado de… años superfluos. Podemos hablar, pues, de una auténticamente “nueva Sara Montiel”.
-Como de casi todo. Mi desayuno consiste en una taza de café, cuatro tostadas de pan especial, dos cucharillas de azúcar, dos manzanas, un plátano, y una toronja. A media mañana, repongo energías con una manzana grande y una efusión de manzanillas, menta o poleo…
-La comida.
-Suelo hacerla a base de cualquier carne (menos cerdo) estofada con aceite, vinagre y sal, más tres patatas pequeñas. De postre, un té con tres cucharillas de azúcar.
-La cena.
-Por la noche como pescado. Doscientos cincuenta gramos, exactamente. Y doscientos de verdura: espinacas, alcachofas, judías verdes… De postre, una manzana hervida con una cucharilla de azúcar.
-¿Eso es todo?
-Eso es todo. Lo que pasa es que este médico dio con el “quid” de la cuestión y me puso el régimen adecuado tras analizar detenidamente todas las circunstancias de mi caso. Porque no es la primera vez que sigo un tratamiento. Ya lo hice en Méjico, pero los resultados no fueron positivos.
Hay una “lista negra” de alimentos que tiene absolutamente prohibidos, a saber: arroz, cerdo, féculas (exceptuando la patata), mantequilla, nata, coco, leche y hojaldres. Puede comer un huevo a la semana.


La nueva y esbelta Sara, en dos versiones. 

PROCESO EDEMATOSO
-Su caso… ¿Cuál es, realmente, su caso?
Porque ya es hora –pienso- de aclarar de una vez por todas las auténticas razones del desorbitado engordamiento de Sara Montiel. Achacarlos –como suelen hacer algunas colegas suyas- a su irrefrenable pasión por los bocadillos de morcilla y la tortilla de patata, resulta exagerado. Yo siempre supuse que habría algún motivo más.
-¡Ojalá mi gordura se debiera a que soy comilona! Con dejar de comer… Pero padezco un proceso edematoso.
Estaba guapa, atractiva. Yo diría –de no ser una frase ya muy usada- que como en sus mejores tiempos. Me hablaba con su habitual languidez, arrastrando las sílabas.
-Creo que de ahora en adelante todo cambiará. De un lado, este formidable régimen que ha dado en la diana. De otro, una vacuna que ha inventado un doctor suizo, llamado Lamber, que, si no evita el edema cuando comienza a producirse, sí lo suaviza en una hora.
No da mayor importancia a sus palabras. Ni a su caso. Pero es fácil adivinar el drama íntimo que ha vivido estos últimos tiempos, cuando nada ni nadie podía detener la tremenda invasión de los kilos. Se encontraba deprimida, desanimada, con achaques… En peligrosa situación, en suma.
-Me sentía una desgraciada, a qué negarlo –me confiesa ahora con desgarro-. ¿Cómo me iba a sentir? Pero me animaba con la filosofía del beodo, al que la fe le insultaba con gritos de ¡borracho! Y éste le respondía sonriendo: ‘Pero a mí se me pasará mañana. Tú, sin embargo, te morirás fea’. Y así ha sido… Yo llegué a pesar 69 kilos. A veces me sentía muy desmoralizada, pero siempre confiaba en una solución.
Parece ser que Sara padece el edema de Quincke desde temprana edad, debido, tal vez, a la difteria. Lo cierto es que en el transcurso del tiempo le ha jugado muy malas pasadas.
-Supongo que algunas colegas mías disfrutarán mucho al verme rellenita. Pues ahora siento darles este disgusto… Por otro lado, que sepan todos que, aun gorda, he trabajado como nunca. No creo que a otras el público las hubiese admitido con algunos kilos de más. Esto quiere decir que el público está conmigo.




Sara en el gran salón de su residencia mallorquina. Es como un pequeño gran museo de recuerdos de la estrella. Y en el centro, ella, orgullosa de su nueva silueta. 


PROBLEMAS ECONÓMICOS
Ha pedido una infusión de té. Bebe –forma parte del régimen- grandes cantidades. Es lo más penoso de su menú: bebe tanto que llega a sentir náuseas.
-Se publicaban algunos comentarios poco piadosos sobre su gordura…
-Te aguantas, y en paz –responde con conformismo.
-¿Qué es lo peor, estar gorda o tener barba?
Se pasa instintivamente la mano por la cara.
-Estar gorda. La barba me la afeitaría cuantas veces hiciese falta. Pero… ¡líbreme Dios de estar gorda y de tener barba!
Carlos me ofrece algunos de sus combinados. Es un experto.
-Mi adelgazamiento me ha traído problemas económicos. ¡Tengo que renovar todo mi vestuario! Debido al cambio de medidas, estoy desechando vestidos de noche, trajes de verano que me compré en Brasil… No tendré más remedio que gastarme medio millón de pesetas en ropa. Si a esta cifra añadimos el precio de la recién comprada y que no puedo ponerme…
Antes les hablaba de su nueva talla. Vayan otros datos reveladores: su cintura ha disminuido catorce centímetros; antes medía 72, y ahora, 58. ¿Comprenden ahora por qué Sara tiene ‘problemas’ con su vestuario?
-Pero mi busto sigue inalterable –me informa orgullosa-. Continúo con mis 98 centímetros de siempre. No quisiera poner los dientes largos a nadie, pero debo decir, en honor a la verdad, que desde los nueve años vengo usando el mismo “cruzado mágico”.
Y sonríe con picardía (se las pinta sola para ello).
-Amén del régimen, aquí llevo una vida sana, que me favorece. Paseo entre los pinos con mis perros, respiro aire puro, tomo el sol… Cuido el jardín, riego, trasplanto esquejes, podo… Formas simpáticas y gratas de hacer ejercicio.
-Pero los días son muy largos…
-Claro. Me queda tiempo para leer guiones de películas, estudiar nuevas canciones… ¡Ah! Y también, pienso.
-¿Qué piensa? –me apresuré a inquirir.
-Cosas insólitas –fue su insólita respuesta.
Tiene, aquí, tres servidores, a los que considera como de la familia: el ya mencionado Carlos; Bárbara, la cocinera, y Juan, el jardinero. El chalé, por dentro, es, ante todo y sobre todo, el pequeño gran museo de Sara Montiel. Recuerdos de toda una vida por doquier… Y en el salón de estar, el viejo sofá de su madre.
-La pobre se pasaba todo el día tumbada en él por su flebitis. Lo conservo aquí porque me trae el recuerdo de mamá.
Un gran amor que jamás se extingue…


Sara y "Boy" en la piscina. Al fondo un fantástico panorama de la ciudad de Palma y de gran parte de la isla de Mallorca. 


Sara gusta de respirar aire puro y tomar el sol en el jardín de su "posesión" palmenesa. Aquí la vemos jugando con "Boy". 

-¿Ha pensado quedarse a vivir aquí para siempre?
-Este lugar me encanta. La isla, el Mediterráneo, la hermosa vista que disfruto desde aquí, la tranquilidad… ¡Ya lo creo que me quedaría a vivir aquí! Pero tengo que trabajar porque no soy la viuda de Onassis. De todas formas, cada vez vendré aquí con más frecuencia. Mallorca me sienta bien.
Tuvo otro chalé, también de cine, en Los Ángeles, mientras estuvo casada con Anthony Mann. Pero prefiere éste e Palma.
Formulé a Sara unas últimas y rápidas preguntas.
-¿Qué opina de los destapes de algunas colegas suyas?
-Que tapadas estarían más favorecidas.
-¿Se afiliará a algún grupo político?
-Sí, al que tenga un “líder” como Robert Redford o Burt Reynolds. Los “líderes” actuales no me hacen tilín. Les falta “sexy”.
-¿Tiene inconveniente en que los periódicos publiquen las listas de los contribuyentes de Hacienda?
-Ninguno. Pero que salgamos todos…
-¿Cuál es su actual situación económica?
-Tengo lo suficiente para no terminar mis días en un asilo, aunque mucho menos que algunos que ni siquiera figuran en las famosas listas de Hacienda. Por cierto: he pedido a mi marido un estado de cuentas de todos los años que él administró mis bienes con poderes otorgados por mí. Quiero zanjarlo todo y conocer mi exacta situación económica.
-Dice Lola Flores que usted y ella son de la misma “quinta”…
-Si a Lola le hace ilusión tener mi edad, me parece maravilloso. Pero yo, la única “quinta” que conozco es la de Beethoven…
***
La conversación pudo haberse prolongado horas y horas. Con Sara, siempre es posible. Y, más ahora, que se encuentra en plena forma, eufórica y optimista. Me habló con bastante misterio de su próxima reaparición ante el público. Será, por muchas razones, sonada. Una de ellas, sus quince kilos menos. Una razón de peso, sin duda.

HEBREO SAN MARTÍN
(Fotos J. Torremocha.) (Enviados especiales).


LA FOTO CCLXI


Siempre espectacular. 

sábado, 23 de septiembre de 2017

LECTURAS - 10 de Abril de 1.970 - España


Agradecemos a Violeta Riscal el envío de esta revista. 
Habla, en persona,
SARA MONTIEL:
“No me considero actriz ni estrella; sólo soy una señora estupenda”

"Sara Montiel en persona" está triunfando en Barcelona, después de haberlo hecho en Madrid.

En el programa de su espectáculo teatral puede leerse: “Las valiosísimas joyas que luce en escena son todas de su propiedad y han sido compradas en…” Y aquí los nombres de Cartier, Val Cleef, Tiffani. Quizás algunos consideran un alarde de Sara Montiel dar amplio detalle de todo lo que posee: conjunto de perlas y brillantes, collar de rubíes y brillantes, collar con brillantes de veinte quilates, collar de ciento noventa y tres esmeraldas y dos mil brillantes… Todo, en Sara, es fabuloso. O eso parece. Con su bonita cara, su figura digna de Rubens y cuarenta y cinco millones en alhajas, recorre España.
-¿Estas joyas representan muchos años de trabajo?
-No. Significan que estuve casada dos veces. Son regalos de mis maridos. Para algo los he tenido. La pena es que sólo me casé en dos ocasiones…
-¿Lo lamenta?
-Hombre, en cuestión de alhajas todo es poco.
-¿No le importa casarse nuevamente con tal de aumentar la colección?
-Si el contrayente era tan espléndido como los anteriores…, no me molestaría casarme seis o siete veces.
-Y hablando de maridos. ¿Cómo va con el suyo? Porque la gente comenta…
-¿A cuál de mis dos maridos se refiere?
-Al actual.
-¡Ah! Pues bien. Normal. Nos tratamos con la cordialidad lógica de una pareja que lleva seis años de matrimonio.
-¿Y cómo se tratan un hombre y una mujer seis años después de la boda?
-Con cariño y respeto. El vulgo, la gente comenta que nos llevamos mal porque apenas nos ven juntos. Pero no se dan cuenta que él hace su trabajo y yo el mío en el teatro.


Sarita ha estado casada dos veces: primero con Anthony Mann, del que se divorció en 1.963. Y en 1.964 contrajo matrimonio con José Vicente Ramírez Olalla. 

Sinceridad no le falta. Eso nos anima a preguntarle su edad, y nos responde:
-Treinta y cinco años.
-¿Y -Scuántos han pasado desde “El último cuplé”?
-Trece; la hicimos en 1.957.
A ella le salen las cuentas. Pero nosotros estamos hechos un lío. Si ahora tiene la edad que confiesa, resulta que fue la primera “niña prodigio” del cine español. Porque en 1.947 coprotagonizó “Locura de amor” y anteriormente ya había hecho alguna que otra película, “Te quiero para mí”, “Empezó en boda”, “Bambú”, etc.
-Lo dicho. Tengo treinta y cinco años. El día que llegue a la cuarentena lo celebraré con una gran fiesta. Creo que lo importante es saber llevar la edad con belleza y juventud. Cuando se tiene mucho dinero, como en mi caso, no hay que temer el paso del tiempo.
-¿Le gusta tener “leyenda negra”?
-Hombre, sí… Sobre todo si está fundamentada en cosas auténticas.
-¿Usted es una estrella o una actriz?
-Sólo me considero una señora estupenda. ¿Actriz o estrella? No lo sé; pero algo debo tener para haber llegado hasta donde estoy. No olvide que nací en un pueblo… Creo que para esto se necesitan agallas por todas partes…, por no decir otra cosa que no le permitirían publicar. La gente habla, habla; dice, dice… Se empeñan en inventar cosas sobre mí.
-¿Y usted las acepta?
-¿Qué voy a hacer? Callarme. O pagar con igual moneda. Lo que más me fastidia es la hipocresía.
-¿Se atrevería a rodar con poca ropa para el cine?
-¿Por qué no? Otras lo han hecho; y tenían menos atractivos físicos. No olvide que soy muy profesional, lo he sido toda mi vida.


Sara Montiel en "Locura de amor", una de las primeras películas que interpretó y que le proporcionó gran fama. 


"El último cuplé" fue la producción que le proporcionó un éxito delirante, situándola en el pináculo de la gloria. 


1.970: Sara Montiel se decide a actuar cara al público con "Sara Montiel en persona", cantando canciones de ayer y de hoy. 

Entre la estrella y el informador ya hay confianza. Cuando se encuentra a gusto, Sara Montiel es un manantial de incesante diálogo. Nos anticipa que tiene en perspectiva cinco películas a filmar en los Estados Unidos e Inglaterra.
-Sé que no puedo compararme a Barbra Streisand, pero puedo hacer mis cosas. Ya saben, canción popular y moderna. La melodía vuelve a imperar y la canción sentimental es la que está pegando… ¿Por qué hago teatro? Era una deuda que tenía con  el público español; además, estoy muy satisfecha porque, gracias a mí, vive una serie de personas; me refiero a las familias de la gente que está en mi Compañía…
Sara Montiel o la humanidad. Alejada de “vedetismos” que sólo lograron perjudicarla, ha recapacitado y es más accesible. Quiere que la conozcan tal y como es.
-El ochenta por ciento de las mujeres hablan muy bien de mí. Y ya sabes, cuando una mujer elogia a otra es… porque no le queda más remedio. Y eso que mis películas siempre tenían calificaciones morales bastante altas. Ninguna bajó del 3-R. Claro, siempre hice papeles de señora estupenda…


EL RECORTE CCLX
Aunque le faltaban, todavía, dos películas por rodar, la diva, a principios de los '70, ya estaba dando un giro radical a su carrera. Eran los inicios de sus presentaciones en vivo y en los teatros. Este artículo del 25 de Julio de 1.970, revista Semana, muestra una de sus primeras presentaciones en salas de fiesta. 

EN SU PRESENTACIÓN EN MADRID, LUCIÓ DOS MODELOS DE DIOR Y UNO DE VARGAS
SARA MONTIEL
ahora en sala de fiestas
Sara Montiel se ha presentado, por primera vez, en una sala de fiestas. Obtuvo un gran éxito, cantando sus temas de siempre y otros nuevos. Se mostró muy elegante y bella. Sus declaraciones, sabrosas como siempre, las publicamos en la página siguiente. 

Sara Montiel, punto y aparte.
La “reina del cuplé”, la más internacional de nuestras estrellas, la siempre admirada, discutida y envidiada Sara Montiel, ha cubierto un jalón más de su ya dilatada y triunfal carrera artística: ha debutado en una sala de fiestas. El acontecimiento ha tenido lugar en un jardín de verano de Madrid. Sara, que se multiplica –es una mujer realmente infatigable-, hizo un alto en su gira de cinco meses (que, visto el éxito obtenido, se prolongará otros cinco) por los teatros de España, para afrontar la dura prueba de actuar en sala de fiestas. Pero Sara no estaba nerviosa. Había llegado en la víspera de su presentación, procedente de La Coruña. Sufrió la feroz acometida de la canícula madrileña.
-El calor me derrota –confesó.
Eran las tres y media de la tarde. Estaba recién levantada. Por la noche no había conseguido dormir. Sara vive en un ático que se asoma a la plaza de España; el sol cae en él a plomo.
-Pero usted, tranquila…
-Yo, tranquila; tranquila, siempre… -comentó, riendo.
Se presentaba por la noche. Todo estaba a punto. Sara tenía muy bien aprendida la “lección”.


-Dicen que Sara Montiel está acabada… -solté, de buenas a primeras.
-Dicen muchas cosas. Yo me río mucho, ¿sabe?
Objetivamente hablando, debo reconocer que Sara hace bien en reírse de los habituales comentarios de sus “antis”. He oído decir que en sus cinco primeros meses de gira teatral ha ganado más de cuatro millones de pesetas. Y de fuentes generalmente bien informadas procede este rumor; en diez meses de gira, Sara se embolsará la bonita cantidad de nueve millones de pesetas. Sara, pues, percibe sueldos “europeos”.
-¿Ambiciosa?
-En absoluto. Yo trabajo y cobro. Cada cual cobra lo que puede o lo que le dan. Si a mí me dan lo que pido…, por algo será.
Sara Montiel es, indudablemente, una diva. Una diva a la española, con las virtudes y defectos (que, a la larga, también suelen ser virtudes) de la raza. Pero diva, al fin y al cabo. Sin embargo, es amable, complaciente, atenta siempre con el periodista. La leyenda negra de su antipatía no pasa de ser eso: una leyenda.
-A veces sale a relucir mi temperamento, pero es cuando alguien viene a buscarme las cosquillas… Tengo que defenderme, ¿no?
El lenguaje de Sara, a veces, no es muy mesurado. Pero es que Sara es excesivamente sincera. De ahí que, en ocasiones, diga ciertas cosas tal como las piensa, sin pasarlas por el “túrmix” de la hipocresía. A Sara, realmente, hay que conocerla para comprenderla. Y a las personas como Sara Montiel, aunque más sencillas de lo que algunos suponen, no se las conoce en unos minutos.


-¿Es dictadora?
-Otro sambenito que me han colgado… Yo nunca tengo subordinados, sino personas que me ayudan. Me gusta trabajar en equipo. Ni soy ni quiero ser más que nadie. Lo que ocurre es que me conozco perfectamente; por eso, me gusta cambiar impresiones con mis directores, fotógrafos, modistas y demás colaboradores…
Sara jamás se sofistica. Es, siempre, más María Antonia Abad, la moza manchega que llegó un día –ya lejano- a Madrid, a conquistar laureles, huyendo de la mediocridad y la monotonía, que Sara Montiel, la mejor obra de aquélla. Apasionada, a veces desgarrada… Y es en estos momentos, cuando María Antonia – Sara es una embravecida mujer, cuando brotan de sus labios (sus mundialmente famosos y cantados labios) curiosos epítetos muy cervantinos, que en su boca, más que escandalizar, divierten.
-¿Qué echa en falta?
-Lo tengo casi todo… Bueno, no; miento. Me falta algo fundamental: un hijo. Todavía estoy a tiempo, pero…
Se ha puesto seria, melancólica. A Sara no le gusta hablar de su vida privada. No es por miedo al “qué dirán”; no es por hipocresía… Es que hay una Sara que prefiere seguir en su torre de marfil, a solas con sus sentimientos, con sus esperanzas e, incluso, con sus tristezas…
-Yo, mientras tenga salud, lo demás no me preocupa…
Realmente, hay algo que la preocupa un poquito… En verano no hay violetas.
-Esta noche voy a cantar “La violetera” y no podré repartir violetas entre el público… ¡Fíjate, qué pena!
Es bonito y saludable preocuparse en estos tiempos tan complejos, por un problema tan sencillo y romántico: la falta de violetas. Pero Sara ya había previsto la solución: repartirá claveles.


La "reina del cuplé" se ha presentado en una sala de fiestas. Sara sigue fiel a sí misma. En sus actuaciones y en sus declaraciones. 

Y así fue. Repartió claveles y el público la correspondió también con flores, en forma de piropos. Porque Sara sigue realmente bella. La fotogenia de Sara es asombrosa. Fotogenia, muy cuidada, es cierto, por ella misma y por quienes la rodean. Pero hemos llegado al “quid” de la cuestión: ¿qué hay del perímetro de Sara, del que tanto se viene hablando desde que inició su triunfal gira teatral? Tonto e inútil sería negar la evidente realidad: la silueta de Sara Montiel no está en su mejor momento. Sara es mujer de muy buen apetito; le encantan los platos más sabrosos de la cocina española, la gallina en pepitoria, por ejemplo. Está ahora menos gruesa que hace cinco meses, pero todavía tiene que adelgazar más. Sara lo sabe y en ello está. Claro está que esta mujer es un caso singular. Le basta con el sensual y melancólico decir de sus cuplés para seguir conquistando al público.
Sara, pues, triunfó. Después de veinte años de éxitos, los piropos del público la conmocionaron. Y ella correspondió con claveles, con besos, con expresiones de agradecimiento y alegría…


-¿Cuánto ha ganado esta noche? –pregunté, después, rompiendo el hechizo romántico y nostálgico creado por ella y sus canciones.
-Bastante…
-¿Cuánto le ha costado el vestuario que ha lucido esta noche?
-Ciento muchas mil pesetas.
-¿Y las joyas?
-Algo más, claro… Son tres juegos completos…
-¿A qué le han sabido los aplausos de esta noche?
-A gloria. Por cierto, los que, desde hace años, están cavando mi fosa, que sigan haciéndolo… ¡Así se entretienen!
-¿Sigue siendo la primera?
-A juzgar por los resultados artísticos y económicos, sí.
Lo dice con gran sencillez, sin aspavientos, absolutamente convencida.
-Dicen que su silueta…
-Bueno, dejémonos de garambainas –me interrumpe-. Quizá me sobren algunos kilitos… ¡Ya me los quitaré! Yo digo como el borracho del cuento, que dijo a la mujer fea que le increpaba: “¿Borracho yo? Sí, hija, sí. ¡Y tú, fea! Pero lo mío tiene cura…” ¿Me entiende? Lo que no tendría solución sería mi fealdad; pero, gracias a Dios, estoy de muy bien ver…
Un desplante “made in Sara”. Sara, Sara, Sara… Es “la Montiel”, porque esta mujer merece el “la”, tan simple y humilde, sólo reservado a las grandes e indiscutibles “estrellas”. Sara seguirá dando guerra durante mucho tiempo. Y su longevidad artística asombrará, a poco que comprenda que la buena cocina española tiene sus pros y sus contras.

Hebreo SAN MARTÍN
(Fotos: Urech)


LA FOTO CCLX