domingo, 25 de junio de 2017

CINE EN 7 DÍAS - 1 de Febrero de 1.969 - España


“UNA MUJER MARAVILLOSA, HUMANA, CON MUCHO TEMPERAMENTO”
Así habla de
SARA MONTIEL
el galán IVAN RASSIMOV
AL ACTOR RUSO INCORPORADO A “ESA MUJER” LE GUSTARÍA INTERVENIR EN LAS PRÓXIMAS PELÍCULAS DE LA ESTRELLA

Sara Montiel e Iván Rassimov, es una escena de "Esa mujer"

Sara Montiel eligió para su filme “Esa mujer”, al galán ruso Iván Rassimov.
-Es un hombre extraordinario guapísimo, además de gran actor –ha dicho de él la propia Sara.
Iván Rassimov vino al mundo en una pequeña ciudad de la estepa. Siendo niño se trasladó a la localidad italiana de Trieste. Su padre era ruso y su madre yugoslava. Ahora, él tiene grandes ganas de regresar de nuevo a la tierra que le vio nacer.
Habla ruso, inglés e italiano a la perfección y entiende un poco de español. Empezó haciendo teatro en la Universidad. Estudiaba Economía y Comercio, que abandonó a los tres años de iniciada la carrera para dedicarse a sus actividades artísticas.
El debut de Iván Rassimov en el cine tuvo lugar en una película norteamericana alternando con Barry Sullivan sobre tema de ciencia-ficción.
Y declara:
-Me encantó aquella cinta. Además yo creo en la existencia de los ovni.
Hasta la fecha, ha intervenido en doce producciones cinematográficas, en seis de ellas como protagonista. La más importante, según él, la titulada “Siete boinas”.
-Me siento galán ruso en todos los sentidos. Conozco muy bien todo su cine. Participé en filmes diversos como, “Guerra y Paz” y “Don Quijote”.


Una dramática expresión de la popular actriz española dirigida por Mario Camús. 

-Hablemos de Sara Montiel.
-La primera película que vi de ella fue “Veracruz”. Me encantó.
-¿Qué impresión se llevó al tratar personalmente a Sara?
-La de que es una mujer maravillosa y humana.
-¿No se intimidó al conocerla?
-No, pero reconozco que tiene mucho temperamento.
-¿Capaz de hacer la vida imposible?
-Todo lo contrario.
-¿Cómo se llevan ustedes?
-Los dos somos grandes amigos, dentro y fuera del plató.
-¿Qué películas prefiere interpretar?
-Las dramáticas.
-Sara casi siempre protagoniza filmes románticos. ¿Le gustaría, al terminar “Esa mujer”, volver a trabajar a su lado?
-No me importaría ser su compañero en sucesivas películas, aunque esos filmes no fueran de mi agrado.


Otro plano de la guapísima Sara Montiel 1.969.


Sara e Iván en el filme.

Hasta hace poco, Iván Rassimov utilizaba un seudónimo americano en el cine: el de Sean Todd. Pero ahora es bastante cotizado en el mercado ruso e italiano.
-¿Con qué otra estrella europea le gustaría trabajar?
-Con Claudia Cardinalle.
-¿Encuentra algo en común entre Sara Montiel y C.C.?
-Su temperamento.
Iván Rassimov es un actor culto, lee a los clásicos y otros. También a Arthur Miller. Muy deportista. Monta perfectamente a caballo y es un excelente nadador.
-¿Lamenta haber abandonado la carrera de Economía?
-De ningún modo. Soy muy feliz trabajando en el cine.
-¿Qué piensas hacer en el futuro?
-Producir películas. Me gustaría llevar a la pantalla las obras “La balada de un soldado” o “Cuando llegan las golondrinas”.
Iván sigue soltero, aunque ha tenido ocasiones para casarse. Mide 1,84 metros y pesa 75 kilos. Se considera más actor que divo.
-Rod Steiger no es guapo y, sin embargo, es un gran actor –señala.
En Italia llaman a Iván Rassimov “The Golden boy” (El chico de oro), porque es una de las realidades más sorprendentes dentro de la cinematografía. En pocos años llegó al estrellato. En “Esa mujer”, ha encontrado una película adecuada a su carácter al lado de una estrella hispana de notorio relieve mundial.


La estrella cambia impresiones con el decorador Tony Cortés y el figurista León Revuelto.

Los que intervienen en “Esa mujer”
FICHA ARTÍSTICA: Sara Montiel, Iván Rassimov, Hugo Blanco, Marcela Yurfa, Cándida Losada, Marco Davó, Jesús Aristu, Ricardo Díaz, Patricia Nigel, Matilde Muñoz Sampedro, Fernando Hilbeck, Ramón Centenero y William Layton.
FICHA TÉCNICA: Realizador, Mario Camús; Director general de producción, Marciano de la Fuente; Director de Fotografía, Christian Matras; Decorador, Tony Cortés; Maquillaje, Julián Ruíz; Foto fija, Simón Ruíz; Montaje, José Luís Matesanz; Laboratorios, Fotofilm; Estudios, Sevilla films; Guión, Antonio Gala y Vizcaíno Casas.


EL RECORTE CCXLVIII
Sinopsis de la película "Esa mujer" publicada en una revista de la época. Desconocemos la publicación y, por tanto, la fecha exacta de la misma. 


 “ESA MUJER”

Fines del siglo XIX. La “bella época” está en todo su esplendor. Son años felices y no se vislumbran tragedias en el horizonte. Modas deslumbrantes y el Madrid galante en todo su esplendor. Pero no todo es felicidad. Los seres humanos –como siempre- alternan la dicha con el dolor. Con la desesperanza, con las eternas penas y tragedias del corazón.
En un tribunal madrileño se ventila un proceso sensacional. Es la comidilla de toda la ciudad y principalmente del medio artístico, ya que la que se sienta en el banquillo de los acusados no es otra que Soledad Romero, una de las más conocidas tonadilleras del ambiente teatral. Pesa sobre ella la sombra de un asesinato, y a través del juicio, la triste historia de su vida va desfilando ante los ojos de un público atónito.
Su historia es realmente novelesca. Soledad Romero, la mundana tonadillera, la mujer por quien suspiró todo Madrid, había sido una sacrificada religiosa misionera. Pero su vida estaba ya colocada bajo el sino de la tragedia. Durante una revolución su convento es asaltado por una turba y ella y sus compañeras son brutalmente vejadas. Es remitida nuevamente a España, pues va a dar a luz muy pronto. Poco tiempo después será madre de una niña a la que creerá muerta. Desesperada, renuncia a sus votos religiosos y se sumergirá en el mundo buscando eso tan simple y tan complejo que es la felicidad. Anhela buscar refugio en el cariño de un hombre para poder rehacer su vida.
Pero a partir de ese momento sólo conocerá desesperanzas y amarguras. Conocerá muchos hombres, pero ninguno de ellos se acercará a ella guiado por el verdadero amor. Para unos será una simple aventura, otros pretenderán explotarla como mujer, y algún otro se convertirá en su empresario para lanzarla como cantante. Logra notoriedad en su carrera y pronto será una bella figura del Madrid nocturno. Soledad Romero será famosa, pero en la soledad de su hogar, se sentirá la más desdichada de las criaturas humanas.
Pero un día conocerá a un hombre. Y ese día el primer rayo de esperanza alumbrará su vida. Él se llama Carlos de Alcántara, es un hombre distinguido, lleno de sensibilidad y bondad.


-Te amo, Carlos –le dice constantemente Soledad-; eres el primer hombre de bien que he conocido en mi vida. Quisiera casarme contigo y aislarme del mundo…
-Yo también te quiero bien –le responderá Carlos-, pero hay algo que, por ahora, impide nuestra felicidad.
El semblante de Soledad se torna sombrío. ¿Otro obstáculo para su felicidad? ¿Es posible que no hay tregua para ella?
Pero esta vez está dispuesta a luchar por su felicidad. Derribará todas las vallas que se oponen a la concretación de su tan ambiciosa dicha. Pero Soledad Romero no se imagina, ni remotamente, que esos escollos serán terribles, invencibles.
Soledad y Carlos vivirán su amor hasta que un día una revelación terrible fulminará a la pareja. Soledad se enterará de que Carlos es casado, pero todo se derrumbará cuando sepa que la esposa de su amante es su propia hija, a la que creyó muerta al nacer.



Soledad se convertirá en un fantasma. Sus últimas fuerzas caerán ante el embate de un destino trágico e inexorable. Repasa en un instante su existencia: niñez pobre, los sacrificios de la vida misionera, la violación, esa hija que creyó muerta, los hombres que la humillaron y ahora esta última y cruel jugarreta. Pero Carlos, pese a todo, no se resigna a perderla.
-Nada, ni lo más terrible –le dice- puede separarnos…
Pero Soledad se resiste:
-Es inútil. Nunca podríamos ser felices juntos…
-Si me dejas… me mataré…


Carlos extrae un revólver de sus ropas y Soledad tratará de impedir una tragedia. En el forcejeo que se produce, el arma se dispara y Carlos muere… Soledad, desesperada, se arrodilla junto al cuerpo del único gran amor de su vida.
Luego vendrá lo inevitable. La justicia de los hombres se pondrá en acción; policías, grandes titulares sensacionalistas en los diarios, el escándalo y finalmente, la prisión…
Ahora Soledad Romero, la más bella flor del Madrid del novecientos está sola esperando el veredicto de la justicia. Unos la defienden, otros la atacan. Pero ya a ella nada le importa de lo que piensen los hombres.
Sólo Dios será el que, en definitiva, decidirá sobre su vida o sobre su muerte.


Una realización de MARIO CAMUS. Guión de Antonio Gala. Fotografía de Christian Matras. Una producción de Eastmancolor de Cesáreo González, presentada por FILMESPAÑA.
REPARTO:
Soledad……….SARITA MONTIEL
Carlos…………IVAN RASSIMOV
……….y la actuación de Cándida Lozada, Marcela Yurfa, Hugo Blanco, José Marco Davo, Jesús Aristu, Ricardo Díaz y Patricia Nigel.


LA FOTO CCXLVIII


"Canta, canta guitarra, canta guitarra mía..."

domingo, 18 de junio de 2017

FOTOGRAMAS - 9 de Febrero de 1.968 - España


SARA MONTIEL:
“GRAU NO TIENE MUCHA PRÁCTICA, PERO ES UN CHICO QUE PROMETE”
EL “CASO” SARA MONTIEL – JORGE GRAU HA ESTALLADO DEFINITIVAMENTE. LA ACTRIZ – PRODUCTORA HA SUSPENDIDO EL RODAJE DE “TUSET STREET” Y DESPEDIDO A TODO EL EQUIPO, EXCEPTO A JORGE GRAU, QUE LEGALMENTE SIGUE ATADO A LA PRODUCTORA. GRAU AFIRMA ESTAR DISPUESTO A SEGUIR RODANDO. Y SE CONSIDERA, COMO DIRECTOR, RESPONSABLE DEL FILM. HE AQUÍ LAS DECLARACIONES DE AMBOS DESDE, DURANTE Y DESPUÉS DEL INICIO DE LAS HOSTILIDADES. 


Sara Montiel tiene un método particular para tratar a los periodistas. Sin duda es un sistema excelente, que durante largos años de experiencia le ha dado magníficos resultados. Pero todo se agota, y hasta los tejidos más resistentes acaban por romperse. Será por eso que la táctica de Sara, últimamente, está resultando fatal para la “estrella”. La irritación, la paciencia, tienen su límite.
La táctica de Sara es sencilla, elemental: la indiferencia, la pasividad. Sara ignora al periodista. En una entrevista, se limita a estar. Repite sus cuatro o cinco tópicos sobre su carrera, sus triunfos, su belleza, su dinero. Y se cierra para todo lo demás. El interés del periodista, el deseo de conocer a la artista por dentro, de descubrir su dimensión humana, se estrellan contra la barrera de bostezos, suficiencia, condescendencia y aburrimiento con que la Montiel se protege.
Sara Montiel ignora tanto al periodista –ahora hablo por mí misma- que se permite el lujo de recibirme en la cama, sin maquillaje, sin peluca, sin pestañas postizas, sin rimmel, sin nada, a la una de la tarde (naturalmente, antes se ha asegurado de que no me acompaña un fotógrafo, ni llevo una cámara japonesa oculta en la estilográfica). Ignora tanto al periodista, que no se molesta en pedirme que salga de la habitación cuando una enfermera le propina una inyección en salva sea la parte. Tal vez, en el fondo, espera que me muestre agradecida por haber contemplado salva sea la parte de Sara Montiel.
Mi entrada en la suite que la actriz ocupa en un hotel de Barcelona no es demasiado brillante. Una cosa negra y movediza se enreda entre mis pies. Es una perrita caniche, enana, con dos bolas rojas en el moño. Recupero el equilibrio y dejo que me guíen hasta la habitación. Desde el umbral echo una ojeada inquisitiva. Sólo después de haber escrutado todos los rincones me convenzo de que Sara está allí. Su madre, una mujer delgada y morena, presencia la entrevista.
-Hemos estado rodando últimamente de tres de la madrugada a diez de la mañana –se justifica Sara- necesito descanso.
Suena el teléfono. Lo coge y modula un “Aló” desfallecido. “¿Qué dices? ¡Ay, hija, déjalo que escriba! Todos sabemos cómo es Fulano… Sólo escribe bien de una si se le da dinero, y si no, también lo hace, esperando que algún día se le dé. ¡Déjalo que escriba!”
Cuelga y me mira sonriente:
-Mire, me alegro de que esté usted aquí, de que haya oído esto. Yo nunca he comprado a los periodistas, no necesito hacerlo.
Naturalmente, me doy por aludida. Ahora ya sé que Sara es insobornable. Me resigno y, con mi voz más dulce, pregunto:
-Sara, últimamente los periodistas no se portan bien con usted. Dicen que les cita a tal hora y no acude, que es usted exigente, irritante, poco amable, etcétera. ¿Qué le parece?
-Yo no tengo la culpa de que haya periodistas que se dicen amigos míos, y que luego, por la espalda, escriben poniéndome verde. No me preocupa. ¿Qué le vamos a hacer? Yo sigo siendo buena, buena con todo el mundo. Tengo la conciencia bien tranquila.
-Entonces, ¿no tienen razón?
-Son ellos los que me traicionan.
-¿Es cierto que entre Jorge Grau y usted han surgido discrepancias?
-¿Perdón?
Sara debe ser un poco dura de oído. Durante toda la entrevista se hace repetir las preguntas con un exquisito “¿perdón?” inquisitivo. Insisto:
-Dicen que usted y Grau se han peleado.
-Oh, no, por Dios. Nos llevamos muy bien.
-¿Es cierto que el rodaje de “Tuset Street” se ha interrumpido?
-Sí, claro, pero por culpa de la enfermedad de Patrick Bauchau. Ya sabe, le ha dado una hepatitis aguda y está en la clínica. Hasta que se reponga, habrá que suspender el rodaje.
Acto seguido me confiesa que está muerta de miedo, que el médico le ha recetado unas inyecciones para evitar contagios. “Como rodamos una escena de amor poco antes de que cayera enfermo…”
-¿Por qué eligió a Jorge Grau para dirigir “Tuset Street”?
-Me habían dicho que es un chico que promete mucho…
-¿Está contenta de él?
-Sí, lo hace muy bien. Un poco lento, ¿sabe? Pero es natural, porque no tiene mucha práctica en el oficio.
-¿Qué significa “Tuset Street” para usted?
-Es una película muy importante en mi carrera artística, y espero que también lo sea como productora.
-¿Cómo se porta con sus subordinados?
-Yo no tengo subordinados, sino gente que me ayuda, que se encarga de todo. Yo no me meto en nada.
-¿Qué opina de Teresa Gimpera?
-¿Perdón?
-Teresa Gimpera, que también actúa en “Tuset Street”. ¿La ve con posibilidades de llegar a gran estrella?
-¡Ah, sí! Claro, es una chica “muy puesta”.
-¿Qué le parecen las chisas de hoy, tan esbeltas, tan sofisticadas?
-Parecen hechas en serie. Como “peponas”.
-Y usted, ¿sigue algún régimen?
-No. Como de todo.
-¿Su plato favorito?
Sara mira a su madre, interrogativa. Su madre acude en su auxilio:
-¡Las albóndigas!
-Sí, pero, sobre todo, la gallina en pepitoria y el guisado de ternera…
-¿Pieles o joyas?
-Ni una cosa ni otra. No me gustan.
-Sin embargo, se la ve a menudo luciendo un visón…
-Hija, qué culpa tengo yo, si hace frío.
-¿Con qué director extranjero le gustaría trabajar?
-Con Leloc.
-¿Cómo?
-Sí, Leloc. “Ba-ba-da-ba-dá” –inicia la melodía de “Un hombre y una mujer”.
-¡Ah, Lelouch! ¿Y con qué actor?
-Admiraba mucho, muchísimo a Gary Cooper.
-¿Qué piensa de los “hippies”?
-Que son unos vagos simpatiquísimos.
Me olvidaba decir que, mientras contesta a mis preguntas, Sara tiene tiempo también de abril la correspondencia, leer los recortes que de ella se publican, acariciar a “Cuchi-Cuchi” y dar órdenes a las personas que tiene a su servicio. Tiene tiempo, también, para explicar a quienes la llaman por teléfono que está que se muere de miedo de coger la hepatitis de Patrick. De vez en cuando se dirige a su madre y suplica: “Dime que no, mamá, dime que no me pondré enferma”.
-Como mujer, ¿qué ha recibido de la vida?
-Muchas, muchas, muchas satisfacciones. Como mujer y como actriz. Ya lo ve usted, el público es maravilloso –sonríe ampliamente y repite-. El público sí que es maravilloso.
-¿Cree que su personaje, el de la artista que sufre, que triunfa, que canta, tiene todavía vigencia en 1.968?
-¿Perdón?
-¿Cree que al público le sigue gustando?
-Hija, le recomiendo que mire el control de taquilla. Mi personaje sigue dando dinero.
-Después de “Tuset Street”, ¿qué proyectos tiene?
-Iré al Teatro Bolshoi, de Moscú, para dar veintiún recitales. Y luego interpretaré otra película, dirigida por Ducio Tessari.
-¿También como productora?
-No quiero decir ni una palabra sobre esa película. Se sabrá a su tiempo.
Antes de irme una última tentativa:
-¿De verdad no tiene nada más que añadir?
-Nada. De mí se ha dicho ya todo, en realidad.
“Cuchi-Cuchi” me acompaña hasta la puerta.



Mi anterior entrevista con Sara Montiel tuvo efecto al día siguiente de “los hechos”, cuando una nota de agencia había comunicado la interrupción del rodaje. El silencio de Sara, en aquella ocasión, fue absoluto. No ocurre lo mismo cuando le telefoneo hoy, sábado, para pedirle una explicación. Las tajantes declaraciones de Grau han despertado su respuesta.
-¿Por qué se negó a hablarme de los verdaderos motivos de la interrupción de rodaje?
-¿Cómo que me negué? ¡Yo no sabía absolutamente nada!
-Pero, ¿habían discutido o no?
-¡Claro! Pero discutimos siempre: yo con él, él con los foquistas, todo el mundo con todo el mundo. Cuando se hace una película se sale a discusión diaria.
Sara está excitadísima:
-Las declaraciones de Grau me soprendieron. Con sus palabras está perjudicando los intereses de la productora.
-La productora es usted, ¿no? ¿Es verdad que le ha pagado seiscientas mil pesetas?
-Yo no sé nada. Telefonee a la oficina. Creo que alrededor de medio millón, pero le repito, no sé nada. Además, es un director muy caro.
-¿Caro?
-Sí, se ha gastado ya todo el dinero, toda la película virgen prevista.
-Él dice que usted es muy difícil, que tiene una fotogenia muy rara, que hay que rodar planos muy cortos.
-¡Me importa poco lo que él diga! –me ataja-. Ese señor puede decir lo que le parezca. A mí me importa muy poco que la gente diga que es Napoleón. ¡Yo soy Antonia Abad, modesta persona, y Sara Montiel, modesta actriz!
-Entonces, ¿tampoco es cierta su indisciplina? Él dice…
-¡Vuelvo a decirle que no me interesa lo que diga ese señor…! ¡Yo soy Sara Montiel, y ya he demostrado lo que soy capaz de hacer!
-¿Acudirá al plató cuando su presencia sea necesaria?
-Yo seguiré cumpliendo. Aunque mis relaciones con Grau, a partir de ahora, van a ser estiradísimas.
Tan estiradísimas que, dos horas después de hablar conmigo, Sara Montiel ha ordenado la suspensión definitiva del rodaje de “Tuset Street”, y ha despedido a todo el equipo, salvo a Jorge Grau, que continúa ligado por contrato hasta que la película sea terminada.

JORGE GRAU:
“Me he negado a firmar mi renuncia a terminar la película”.

-¿Cuál fue el motivo de que Sara Montiel se negara a continuar rodando?
-La discusión estalló cuando iba a filmarse un plano de Sara bailando sobre un pódium. Puse la cámara y el objetivo en la posición que consideraba adecuada, y ella dijo que con aquel objetivo y posición de cámara iba a quedar mal, y que no quería rodar. “Si alguien tiene que decir si queda bien o no, soy yo”, respondí. Y añadí que haríamos un ensayo. Lo hicimos, y comprobé que mis órdenes eran acertadas. Entonces me dijo: “Pues a mí no me retratas así. Tú no puedes hundir a Sara Montiel”.
-¿Le acusó de boicotearla?
-Me dijo que yo tenía intención de derribar el mito de Sara Montiel, y que ella no se dejaba derribar por nadie. Acto seguido se negó a seguir rodando y a hablar conmigo. Mandé como mediador al jefe de producción, a quien Sara dijo, para que me lo transmitiera, que mi deber era dejarme asesorar por el operador. Que no tengo derecho a opinar en cuestión de estética. Más tarde accedió a hablar conmigo y me repitió sus razones. Afirmó que debo obedecer a los operadores, porque “Tuset Street” es una película de Sara Montiel, y por lo tanto, se ha de cuidar a Sara Montiel por encima de todo.
-¿Qué le respondió usted?
-Le dije que, desde el principio, había estado clarísimo que “Tuset” es una película de Jorge Grau con Sara Montiel, como lo prueba el hecho de que su personaje no es el más extenso del fil, ni el único importante. “Nunca aceptaré hacer tu película”, respondió. Y nos dejó plantados. Tuvimos que suspender el rodaje. Para colmo de males, el médico nos anunció esa misma tarde que Patrick Bauchau había contraído una hepatitis aguda y debía ser internado con urgencia.
-¿Cuál es ahora la situación de la película?
-Está clarísimo que se trata de un caso de indisciplina por parte de Sara Montiel. Por lo tanto continuamos el rodaje de las secuencias en que ella no interviene, porque la película no puede detenerse por los caprichos de una de las actrices.
-¿Qué ocurrirá cuando le toque a Sara rodar?
-Yo la convocaré como he hecho siempre. Espero que, para entonces, haya recapacitado sobre su posición.
-¿Y sino recapacita?
-Creo que Sara  se dará cuenta de que su actitud es totalmente pueril, de que no tiene ninguna razón para desconfiar de mi buena fe ni de la del equipo. Por el contrario, tiene motivos más que suficientes para estar totalmente satisfecha de lo que se ha hecho con ella. En mi opinión, Sara reconsiderará su punto de vista y comprenderá que estar atada a unas palabras dichas en público es menos importante que tirar una película por la borda.
-¿Puede Sara, como productora del film, prescindir de sus servicios?
-Para hacerlo tendrían que existir motivos de tipo laboral. Su enfado se basa únicamente en un capricho personal. Sólo si demostrara que  no he cumplido con mi deber podría demandarme. Y eso no ha ocurrido.
-Dice que se le ha pagado alrededor de medio millón de pesetas…
-Hasta el momento sólo he recibido 200 mil pesetas del medio millón estipulado. El día de nuestra discusión, me exigieron que firmara mi renuncia a terminar “Tuset Street”. A cambio, se me pagarían inmediatamente las 300 mil restantes. Yo me negué. Soy el responsable de “mí” película.
-Sara le acusa de ser lento rodando. ¿Es cierto?
-Me sorprende esa afirmación, ya que según la gente que ha trabajado con Sara en sus anteriores películas está sorprendida de la rapidez con que filmamos. Piense que, para rodar “Samba”, el equipo estuvo tres meses en Río, y aún dos o tres semanas más aquí, a su regreso. Por regla general, el personal que trabaja con Sara ha de ser contratado por un periodo indefinido.
-¿En cuánto tiempo estaba previsto que se hiciera “Tuset Street”?
-De seis a ocho semanas. Al ritmo que íbamos hubiéramos podido acabar en diez. Ahora, entre unas cosas y otras, nos retrasaremos bastante. Y habrá que esperar a que Patrick se reponga.
-Antes de firmar el contrato, ¿puso usted condiciones a la actriz?
-Tuve una larga, sincera conversación con Sara. Lo primero que hice fue explicarle todas mis dudas, decirle que conocía su fama de mujer difícil, amiga de imponer sus criterios. Le dije todo cuanto me habían contado de ella, de su divismo. Que me habían dicho que era un loco al querer dirigir a Sara Montiel. También le dije que mi intención era demostrar a todos que existe otra Sara, una actriz desconocida y llena de sensibilidad.
-¿Qué le contestó ella?
-Me aseguró que, dos semanas después de empezar la película, yo le pediría perdón por haber dudado de ella.
-Hasta el momento del “choque”, ¿cuáles fueron sus relaciones con Sara en el plató?
-Muy claras. Siempre que surgía un problema, yo dejaba bien sentado quién es el director y quién tiene que dar las órdenes. Nunca he dejado que me colocaran un objetivo, sino que lo he elegido yo y lo he puesto yo. Sara ha acatado mis órdenes. Hasta ese día.
-¿Qué opina usted de Sara-actriz?
-Tiene una fotogenia muy difícil, pero importante, y como actriz no es, ni mucho menos, la nulidad que se decía, sino que da muy bien. Y ha respondido estupendamente a lo que he pedido de ella, ayudándome en muchas ocasiones a componer su personaje.
Después del despido del equipo hablo nuevamente con Grau:
-¿Qué cree que ocurrirá, ahora que Sara ha suspendido el rodaje?
-Lo ignoro. Yo sigo a disposición de la productora y estoy decidido a acabar el film cuando se me indique.
-¿Qué hará si Sara encarga la terminación a otro director?
-No puede hacerlo. La demandaría. La ley me apoya.

Entrevistas: MARUJA TORRES


EL RECORTE CCXLVII
El escandalazo Tuset, que contribuyó al buen resultado de taquilla, pasó las fronteras nacionales. La revista portuguesa Plateia, se hacía eco de la enemistad Montiel-Grau en su número de 19 de Marzo de 1.968.


SARA MONTIEL
fala das broncas provocadas pela rodagem de “Tuset Street”

Quando falámos pelo telefone com Sara Montiel, combinando o nosso encontró no día seguinte nos estúdios Balcazar de Barcelona, onde se rodava “Tuset Street”, estábamos longe de imaginar que seríamos os últimos representantes da Impresa a asistir aos últimos planos dirigidos pelo realizador Jorge Grau.
Dois días mais tarde, na verdade, rebentava a pequeña bomba: Jorge Grau abandonava as suas funcoes, paralizando totalmente a rodagem do filme. Correm, como é fácil de calcular, as maís diferentes versoes a respeito do que se passou. A versao que parece ser mais fundamentada é a de que Jorge Grau pretendeu usar uma luz que, por ser fortíssima, em nada favorecia Sara Montiel, assim como uma grande angular, que pior efeito provocaría.
Apercebendo-se, com a sua experiencia dos estúdios, de que o seu rosto sairia desfigurado nestes planos, Sara, -com boas palabras- pretendeu convencer Jorge Grau a nao querer deformá-la. Já bastaría a caracterizacao para diminui-la, e os efeitos fotográficos podiam ser dispensados.
O realizador fez valer os seus direitos e insistiu no seu criterio. Sara, que acumula neste filme as funcoes de produtora, nao deu o braco a torcer, e suspendeu as filmagens.
Vamos a recordar agora a nossa visita aos estúdio, quarenta e oito horas antes do rompimento entre a estrela e o realizador.
Eram aproximadamente cinco da tarde quando chegui ao estúdio acompanhado do fotógrafo José F. Puente. Rodava-se uma sequência bastante forte –razao por que havia pouca gente no estúdio, entre Sara e Patrick Bachau (marido, na vida real, de Mijanou Bardot, a irma de Brigitte). Sara vestia sòmente uma toalha a cobrir a sua fabulosa anatomía, em muito escassa proporcao. O cenário representava uma humilde habitacao. Numa cama, Patrick aguardava, deitado, que Sara viesse para os seus bracos. Jorge Grau ordenou um ensaio. Sara aproximou-se da cama a beijou Patrick suavemente. Ele, que fingia dormir, desperta suavemente. Um prolongado e apaixonado beijo poe ponto final na seguência.


Depois, enquanto os focos eran preparados para os planos marcados para a rodagem a seguir, Sara Montiel respondeu ao nosso questionário:
-Quanto custará “Tuset Street”?
-Uns 25 milhoes de pesetas, aproximadamente. É rodado em Panivision e em Tecnicolor.
-Que significa este filme na sua carreira?
-Serei uma Sara Montiel totalmente diferente da que fui até agora. E, claro, é a mina estreia como produtora.
-Que indumentária utiliza neste filme?
-Dezoito modelos exclusivos e dois biquinis.
-Teve problemas com a censura antes de comecar as filmagens, como consta?
-Tive, sim. Houve que modificar várias cenas, que nao mudaram, no entanto, a accao. Fica tudo igual.
Depois desta breve troca de impressoes, Sara voltou para junto dos focos. Nao pude voltar a contactar come la, depois do incidente que teve com Jorge Grau. Apurei, todavía, que ela dispensou definitivamente os servicos deste joven realizador, substituindo-o por Luís Marquina, mas pagando, da mesma forma, as 500 000 (quinientas mil) pesetas estabelecidas no contrato. Jorge Grau ficará ainda com a faculdade de assinar o filme, querendo, quando estiver completo.
As filmagens de “Tuset Street” deverao agora ser concluídas em Madrid. Sara continua a pôr muitas esperancas no éxito deste seu filme. Oxalá na noite da estreia se dê por compensada de todos os dissabores que tem sofrido.

Pelo nosso correspondente em Barcelona especial para a “Plateia”
FERNANDO  MORER  ALCÂNTARA


LA FOTO CCXLVII


Bauchau-Montiel y la famosísima escena de la Coca-Cola.