domingo, 18 de febrero de 2018

ESPECTÁCULO - Mayo de 1.957 - España


La diva solo aparece en la portada. 

SARA MONTIEL FIRMA CON BENITO PEROJO
La guapa y famosa estrella de nuestro cine Sara Montiel ha firmado un importante contrato con el productor Benito Perojo para hacer cuatro películas. En la foto aparecen la actriz y el productor instantes después de la firma del trascendental contrato.
La primera película que rodará Sara Montiel será “La violetera”, bajo la dirección de Luís César Amadori que comenzará en el próximo septiembre una vez que la estrella haya terminado sus compromisos en Hollywood.

(Foto Saiz)


EL RECORTE CCLXXV
Hasta que llegaron los fabulosos contratos, Sara Montiel tuvo que irse de España en busca de un futuro más prometedor. En estos años es cuando rueda sus películas en México y Hollywood.... Luego vino el 'Cuplé', y el éxito absoluto. En 1.997 se presentaron en VHS sus mejores filmes aztecas. Así recogió la noticia la revista Diez Minutos en Diciembre de aquel año. 

Sara presentó en vídeo sus mejores películas mexicanas
“Mi belleza me impidió conseguir buenos papeles dramáticos”
Rememoró sus felices momentos en el país azteca

Toda una vida. Han pasado casi 50 años desde que Sara se hiciese en México el cartel delante del que posa y el momento en que se tomó esta foto. La belleza y la sensualidad de Saritísima la convirtieron en una leyenda viviente. 

Vestida de encajes, transparencias y brillos, con lentillas verdes y fumándose un puro, Sara Montiel apareció espectacular en la Sociedad General de Autores, en Madrid, donde se presentaban en vídeo sus mejores películas mexicanas.
-¿Por qué te fuiste de España tras rodar “Pequeñeces” y “Locura de amor”?
-Porque aquí sólo me daban papeles pequeños. Mi belleza era un impedimento para que me ofrecieran papeles dramáticos. Miguel Mihura me aconsejó que me fuera a México porque estaba más cerca de Hollywood.


Fiel a su costumbre, Sara se fumó un puro en la presentación de sus filmes mexicanos. 

-¿Qué tal el salto a Hollywood?
-Los de la Warner me vieron en “Cárcel de mujeres” y a continuación rodé “Vera Cruz”, con Gary Cooper y Burt Lancaster.
-¿Qué tal tu relación con el austriaco Nicolás Slamezka?
-Es un amigo con el que, de vez en cuando, juego a las cartas.


Sara recibió una placa con las carátulas de sus películas mexicanas. 

A Sara le espera un 1998 repleto de proyectos. En febrero regresará a México donde tiene contratadas varias actuaciones y le han ofrecido una serie de cien capítulos. TVE también le ha ofrecido una serie. Sara tiene que decidir.

Agustín Trialasos
Fotos: Antonio Cuenca


LA FOTO CCLXXV


Muy sensual en los '50. Otra de Ibáñez. 

lunes, 12 de febrero de 2018

PRIMER PLANO - 26 de Mayo de 1.957 - España


La diva solo aparece en la portada. Dice esto: 
SARA MONTIEL
Ha llegado a Madrid, procedente de Hollywood, nuestra bellísima estrella SARA MONTIEL, para agradecer personalmente al público y a la crítica el entusiasmo con que acogen su actuación en “El último cuplé”.

(Fotografía R.K.O. de su tercera película norteamericana “Run of the Arrow”)


EL RECORTE CCLXXIV
Probablemente cuando Sara le dijo 'sí' a Juan de Orduña para 'El último cuplé' nunca imaginó que dijo 'sí' a un mito, ella misma, que perduraría en el tiempo. A casi 25 años de la mítica película, esta es la semblanza que de su carrera y su leyenda hacía ella misma para la revista Cambio 16. Era en su número de 12 de Octubre de 1.981. 

El penúltimo cuplé
SARA MONTIEL
llega tranquilamente a la madurez

La estrella permanece fiel al escenario. Todavía no ha sonado su último tango. 

Aquel bailarín argentino la llevaba suavemente, con la mano derecha apoyada en su cintura, a lo largo del pequeño rellano al que daba el camerino. Juntos, evolucionaban bajo la escalera de las oficinas, casi entrando alguna vez en la boca del escenario. El vestido rojo de ella, de lentejuelas, abierto a un lado, rozaba con sus hermosas piernas y hacía un ruidito crujiente -¡Fff!, ¡Fff!-, como si fuera champán. Ella bailaba muy seria, mientras su joven acompañante le susurraba los pasos numerados del tango. Cuatro, cinco, seis, vuelta. Dos empleados del teatro la observaban en silencio. En cuanto acabó el ensayo, ella volvió a su reducido santuario, lleno de luces, vestidos y telegramas. Un cuarto de hora después, todo el teatro aclamaba la destreza del tango y la voz y la belleza de la mujer. Sara Montiel, a los cincuenta y tres años, triunfaba de nuevo.
Más tarde, Sara se metería al público, literalmente, en el bolsillo de su estrechísimo y refulgente pantalón, mientras bajaba al patio de butacas a los sones de una vieja canción, Las camareras. “Echa té, echa té”, cantaba tumbada sobre cuatro piernas masculinas, las de dos sorprendidos espectadores de la fila 5. Y luego, con Nena, El relicario y La violetera, volvió a representar el mágico drama de romanticismo desatado y nostalgia sentimental que ella creó, para maravilla de todos, con El último cuplé.
El último cuplé, estrenada en 1957, es la película de mayor éxito en la historia del cine español, que inventó una moda, originó un estilo y lanzó a una estrella: Sara Montiel. Toda España, y luego toda Hispanoamérica, quedó encandilada, como por brujería, ante aquella actriz y cantante de morena sensualidad, voz suave y grave, y escote prodigioso. Lo de Sara Montiel fue una revelación. Ya había hecho bastantes películas en España –la primera en 1944-, en México e incluso en Estados Unidos –como Veracruz, con Gary Cooper y Burt Lancaster, y Yuma con Rod Steiger-, pero ninguna se podía comparar con El último cuplé. La gente volvía una y otra vez a ver la película, se aprendía sus olvidadas canciones de memoria, compraba los discos, padecía el síndrome del cuplé. Los hombres la deseaban, las mujeres quizá también.


Sara Montiel: la belleza de los cincuenta años. Su estilo marcó toda una época. 

El rostro de Sara Montiel fue el de la España de los años 50, la imagen en que se quería reflejar todo el país, cansado de posguerra y de vida cuartelera. Sara –Sarita, todavía- restauró a los españoles los cinco sentidos. O quizá más.
Sara Montiel fue la heredera de Raquel Meller y de Imperio Argentina, pero llegó más lejos que ellas en la explotación de su propio mito. El último cuplé dejó una estela de películas –La violetera, Carmen, la de Ronda, Mi último tango, La reina del Chantecler y muchas otras- que apuraron hasta la última viruta el frondoso árbol de la nostalgia, del cuplé, la tonadilla, la belle époque, la mujer fatal devoradora de hombres y los galanes de cartón piedra.
A Sara Montiel le salieron decenas de imitadoras, pero fue ella misma la que mejor se imitó. Con el tiempo, la fórmula quedó vieja, y aunque Sara la compensaba con discos y actuaciones como cantante, el brillo de la estrella empezaba a disminuir. En Varietés, un film dirigido por Juan Antonio Bardem en 1971, Sara Montiel trató de recuperar la dignidad perdida por ese género de cine, pero pocos años después decidió no hacer más películas.
Fue cuando nació otra Sara, más moderna, más madura, con la misma piel –canela- y la misma mirada –turbadora- pero con otro estilo y otra “clase”. Sara Montiel dejó de ser “la Sarita” para convertirse en “Saritísima”, según el afortunado título de un artículo del escritor catalán Terenci Moix.
Sara Montiel aceptó de inmediato aquella condecoración verbal y la utilizó para dar nombre a un espectáculo de music-hall que montó en el Paralelo de Barcelona. Allí, en las ruinas de lo que había sido el Broadway español, en el mismo teatro donde ella había rodado unas escenas de El último cuplé, empezó Sara a hacer realidad la ficción de sus películas, revistiéndose de paso la señorial madurez que exhiben actrices como Elizabeth Taylor o Lauren Bacall.
Y así, madura y bella, y con tranquila solemnidad, volvió Sara Montiel al camerino, finalizada la función de tarde de Doña Sara de la Mancha, su actual espectáculo en el teatro La Latina, de Madrid, llevando de la mano a su pequeña hija Thais, que a los dos años y medio de edad ya sabe ayudarle a repartir claveles desde el escenario.


"Cómpreme usted este ramito, pa lucirlo en el ojal"
"La violetera", inmarchitable.

En el mismo rellano donde, una hora antes, Sara Montiel había ensayado los complicados pasos del tango, esperaban los fans, los que querían su autógrafo, los que tan sólo deseaban verla de cerca, un joven actor en gira que tenía un día de descanso en Madrid y una niña de once años que lloraba desconsoladamente sin saber explicar por qué. Tan fuerte es, a veces, el efecto emocional de un escenario.
Hasta la función de la noche quedaba escasamente una hora. Sara Montiel se quitó el brillante vestido de cola, transformó su cabellera castaña en una trenza y se puso una bata de terciopelo negro. Al lado del camerino, en un corredor del interior del teatro, había una mesa con mantel de hule y servilletas de papel, que parecía de restaurante económico. Allí cenó Sara Montiel merluza a la parrilla y una manzana, junto a su marido y productor de sus espectáculos, José Tous, y los cantantes José Guardiola y Ramón Calduch, que actúan con ella en la función.
Luego volvió al rito de los vestidos y los peinados, a ensayar el tango con el bailarín argentino, bailarlo en escena, descender al patio de butacas y repartir claveles con un beso. Por la noche no salió su hija –que a esas horas dormía ya en casa- pero la acompañó Cuchi, su diminuto caniche gris, que también tiene madera de actor y se va solo al escenario en cuanto oye los primeros acordes de La violetera.
Cuando Sara se marchaba esa noche del teatro, abrigándose garganta y boca con un blanco echarpe de lana, una mujer de unos cuarenta y cinco años bajó el cristal de la ventanilla de su coche y le gritó: “¡Adiós, bonita!” Qué extraña diferencia con lo que solía ocurrir veinte años atrás, cuando las mujeres la miraban con una mezcla de envidia y celos. Hoy, Sara Montiel es para todo el mundo como de casa, como un lujo acostumbrado y placentero.
Al día siguiente, que era de descanso, Sara estaba en su gran piso de la Plaza de España, con vistas al sur de Madrid, y ordenaba cuadros y muebles. Llevaba un vestido blanco, de tipo ibicenco, el pelo suelto y ningún maquillaje, a excepción de un poco de sombra en los ojos. Su marido, con el torso desnudo, trataba de encontrar sitio para dos pequeñas pinturas de la propia Sara, dos paisajes de fuerte color.
“Está la casa hecha un lío –dijo Sara-, porque casi no hemos vivido aquí en todo el año. Después de la gira por Sudamérica, he estado haciendo galas en varias ciudades. Además, nuestra casa de verdad, nuestro centro está en Palma de Mallorca.”
En Palma vive Sara Montiel desde hace diez años, cuando conoció a su actual y tercer marido. José Tous es un empresario mallorquín, introducido en el mundo de la prensa –es presidente del Consejo de Administradores del diario Última hora- y del espectáculo –tiene varios cines y teatros, y un bingo, el Balear, del que se dice que es el segundo de España en recaudaciones.


Trajes de lentejuelas, boas de pluma, "music-hall". Técnica americana para cantar cuplés. 

Sara Montiel volvió a mirar los cuadros de su salón. Uno de ellos, pintado por Roca Fuster, la mostraba desnuda, entre ángeles y sedas botticellianas, el pelo recogido y la luz brillando en sus altos pómulos. “Me gusta mucho la pintura –dijo-. Antes tenía más cuadros aquí. Tenía también unas cerámicas de Dalí, originales y firmadas, pero me han desaparecido mientras arreglaban la casa los albañiles. Una pena.”
Se sentó en un diván y pidió a su asistenta una ginebra con tónica. Sara no bebe mucho, pero cuando toma una copa suele ser de ginebra. La noche anterior, después del teatro, había ido a una discoteca bastante exquisita cerca de la Puerta de Alcalá, y también pidió un gin-tonic. Allí se encontró con Juan Gyenes, el famoso fotógrafo, que la conoce desde hace casi cuarenta años, cuando le hizo las primeras fotografías, aún adolescente y recién llegada de Orihuela con su madre, decidida a ser artista.
Las fotos de Gyenes llegaron a Cifesa, la importante productora cinematográfica española de aquellos años, que la contrató inmediatamente para una película de Ladislao Vajda, el checo afincado en España que luego se haría famoso con Marcelino, pan y vino. Aquella primera película, titulada Te quiero para mí, tuvo rápida continuación: Empezó en boda –junto a Fernando Fernán-Gómez-, Bambú –al lado de Imperio Argentina-, Mariona Rebull, donde cantó su primer cuplé, y sobre todo Locura de amor, donde interpretaba el papel de Aldara, la amante mora de Felipe el Hermoso (Fernando Rey), marido de doña Juana la Loca (Aurora Bautista).
El director de Locura de amor fue Juan de Orduña, quien después de la estancia de Sara en México y Estados Unidos, la volvió a llamar para que protagonizara El último cuplé. Y el resto está en las enciclopedias.
“Ni en sueños podía yo imaginarme aquel éxito –dijo Sara, mientras jugaba con su pelo y se hacía una pequeña trenza a un lado-. Yo venía de una familia muy humilde. Mi padre era labrador en Campo de Criptana (Ciudad Real). Pero estaba muy enfermo, tenía asma, y los inviernos los pasaba muy mal, porque hacía un frío muy seco. Le recomendaron otro clima y nos fuimos todos a Orihuela (Alicante). Yo tendría entonces cuatro años.”
La pequeña Sara –su verdadero nombre es María Antonia Abad- no fue siquiera a la escuela. Le enseñaron a leer unas monjas, cuando ya tenía nueve o diez años. También le enseñaron a cantar. Luego, cuando estuvo en México estudió arte dramático, y en Los Ángeles dio clases con el director Elia Kazan. “Pero yo creo que el mayor porcentaje de mi éxito se debió a una personalidad propia, muy mía –añadió Sara-. Era un estilo de cantar, de vestir, de moverse, un estilo de maquillaje, una manera de actuar.”


"El último cuple" (1957), una reciente sesión fotográfica, y "Carmen, la de Ronda" (1959)
Una belleza natural y una estudiada fotogenia. 

La Mae West manchega
Fue también una bomba erótica en la reprimida España de los años 50. En la pantalla, su rostro, su cuerpo y su voz eran sexo puro. Tenía una manera de seducir muy inmediata, nada artificiosa ni convencional. Y estaba al extremo opuesto de la pornografía. Como ella misma cantó en el cuplé La pícara ingenua: “Porque la que practica la ingenuidad, de todo lo que tiene, enseña la mitad”. Sara Montiel era una mujer que podía entrar perfectamente en la vida de cualquier espectador. Era lo contrario de Greta Garbo, por el lado serio, y de Marilyn Monroe, por el frívolo. Era española, racial, pero nada folklórica. Era una mujer de verdad.
Todavía hoy lo es, aunque ya no haya muchas mujeres como ella. Sara Montiel encarna los atributos femeninos por excelencia. Por eso le cae tan bien a las mujeres. Y a los homosexuales. Ella es la reina de las reinas, la emperatriz adorada del mundo gay. A los travestis les encanta disfrazarse de Sara Montiel, la Mae West manchega. Porque son, como ella, más femeninos que las mujeres.
“Es cierto, están enloquecidos conmigo”, dijo Sara, y volviéndose a su marido preguntó: “Amor, ¿cómo podrías tú contestar a esto?, porque es verdad”.
“Yo creo que se ven en ti –dijo él-, porque eres la imagen de lo que ellos quisieran ser.”
“Bueno, yo tengo amigos que me dejan, vamos, anonadada, con la boca abierta –añadió ella-. Porque se maquillan, se arreglan y se visten igual que yo. Y en los carnavales de Río de Janeiro hubo, hace años, dos premios por parecerse a mí.”
Sara, que siempre ha estado muy segura de sí misma, reconoció la importancia y el valor de su belleza, pero dijo que nunca se ha empeñado en prolongarla hasta donde era físicamente imposible.
“Yo tengo la cabeza sobre los hombros –afirmó-. Y actúo y voy por la vida con arreglo a la edad que tengo. Bueno, ahora ya no estamos en la época de ir de negro y llevar collares de perlas, cuando una mujer de veintiocho años, si no se casaba era ya una solterona. Hoy, una mujer de cuarenta, cincuenta o sesenta años puede ser joven si está –chasqueó los dedos- al día.”
Ella, desde luego, no dejó un solo día de estar al día. Sobre todo en el terreno amoroso. Ya de jovencita tuvo numerosos amantes, algunos bastante conocidos en el mundo del cine o la literatura. Y se casó tres veces: la primera con el director norteamericano Anthony Mann, luego –y esta vez por la Iglesia- con un industrial llamado Ramírez de Olalla, y la tercera con José Tous.
Con ninguno de esos tres maridos logró tener hijos. “Aborte once veces, pero ninguna de ellas voluntariamente –dijo-. “Yo estoy en contra del aborto. Lo que pasa es que he llegado a estar muy grave. Llegué a perder un hijo de ocho meses. Fue el primero, me caí por unas escaleras y se me descolgó y se me murió dentro. Ahora tendría veintiún años. Luego perdí los demás –añadió- . Siempre me dijeron que yo tenía edema de King. Yo estoy bien, soy una mujer normal, pero he tenido mala suerte”.


Sara Montiel en familia.
Con José Tous, su marido y su hija Thais. 

Directora de televisión
Sara Montiel y su marido tuvieron que optar por los hijos ajenos. “Nuestra hija Thais, que nació en Brasil, no es adoptada sino legitimada –dijo ella-. Ahora queremos un niño. Hubiéramos querido tenerlos antes, pero no pudimos. De todas maneras, no nos importa la diferencia de edad con ellos, porque nosotros no somos padres tardíos, sino abuelos prematuros. Y dentro de diez años –añadió-, como seguiremos siendo muy guapos y muy arreglados y muy bien, nuestros hijos no nos tomarán por abuelos”.
“Nos casamos civilmente el año pasado –dijo Sara-. Nosotros no creemos en el matrimonio, pero lo hicimos por la niña.” Por Thais, su niña, la actriz ha hecho más cosas. Por ejemplo, ir a misa. “Yo creo en Dios –dijo-, pero no en la Iglesia. Sin embargo, creo que a la niña tengo que enseñarle todo y luego escogerá ella lo que quiera.”
Hubiera parecido, al oír sus palabras, que Sara Montiel es una mujer franca y abierta. Quizá sea así, pero también es muy precavida y cuidadosa con lo que dice. “He tenido que tragar mucho en mi vida –concedió-, al principio, en medio y ahora. Ha habido gente que me ha hecho mucho daño.” Pero no quiso ser más explícita ni dar nombres.
“Habrá que esperar a que se publiquen mis memorias –dijo-. Ahí sale todo. Voy a decir todo. Alguno se va a picar, si.”
Esas memorias no son, por ahora, más que 200 folios que Terenci Moix ha recogido de sus conversaciones con ella. Ella aclaró que no tiene veleidades literarias. Sin embargo, publica cada semana un artículo con su firma en una revista. “Yo lo grabo en un magnetófono y luego mi marido lo corrige”.
Otra cosa que hace es estudiar la técnica de la televisión. Sabe que las cadenas privadas están al caer y ella quiere dirigir sus propios programas. En realidad, muchas de sus películas están casi dirigidas por ella. En el mundo del cine español daban miedo sus conocimientos sobre los objetivos, la iluminación y los ángulos de cámara.
“Es que eso hay que saberlo –adujo ella-. Hay que saber si te están enfocando con un objetivo de 50 milímetros de distancia focal o con una de 75, o con uno de 120. Porque si es un primerísimo plano, que le toma desde la mitad de la frente a la mitad de la barbilla, tienes que actuar de diferente manera a si es un plano general. Esa es una técnica que requiere el cine. Es lo contrario que el teatro, donde hay que ser más espectacular, más exagerada, porque la fila más cercana está a cuatro o cinco metros del actor, mientras que en la pantalla cinematográfica están ahí, presente. Y esa técnica yo la tengo que conocer. Y el que no la conoce, después de llevar tantos años en el cine como yo, es que es un zoquete.”


Con Fernando Rey en "Locura de amor" (1948)
Primeros pasos de una estrella. 

Sin embargo, Sara Montiel ya no quiere hacer más películas. “El cine español ya no va por mi línea –dijo-. Es un cine muy raro, muy preocupado por la pornografía. Fuera de Berlanga, Saura y Eloy de la Iglesia –en esas cosas fuertes que hace éste de vez en cuando-, el cine español actual no me interesa.”
Tampoco le interesó Buñuel cuando ella vivía en México. “Buñuel hizo muchas películas allí, pero eran muy malas. Después, cuando volvió, parece que los aires de Europa le sentaron mejor”.
Sara Montiel dio un último sorbo a su gin tonic. Se levantó para probarse un vestido del espectáculo que la modista estaba arreglando. ¿Se veía a sí misma, dentro de veinte años, en el escenario? “No, no –dijo con una sonrisa-, dentro de veinte años, no. Quizá dentro de seis, o cinco, o tres. A lo mejor entonces digo que me he cansado.” Por ahora, sigue cantando, cada noche, su penúltimo cuplé.

José Luís Rubio


LA FOTO CCLXXIV


Ibáñez inmortaliza el bellísimo perfil de Sara a finales de los '50. 

domingo, 4 de febrero de 2018

LA CODORNIZ - 28 de Octubre de 1.956 - España


La diva sólo aparece en la portada. Este es el texto:
Nuestro Ingenioso Director, Jefe Supremo de los Ejércitos codorcinistas, recibe los primeros informes sobre la posición del enemigo que le proporciona nuestra espía "X-1", Sarita Montiel. Estos valiosos datos serán empleados para fijar la inminente "hora H" de nuestra ofensiva. 

La Codorniz es una publicación humorístico-satírica obra del que fuera descubridor y representante de Sara Montiel: Enrique Herreros. 


EL RECORTE CCLXXIII
Sara inspiró muchas cosas a lo largo de su dilatada carrera profesional. Y desde el principio. No sólo fue recurrente para portadas o dibujos de humor, sino que, también, tocó el alma creativa de directores y compositores. En este número de Primer Plano, 12 de Noviembre de 1.950, se da fe de ello y nos refiere datos interesantes de aquella, todavía, Sarita que luchaba por su estrellato. 


SARA MONTIEL
musa de un compositor popular español
FERNANDO GARCÍA MORCILLO, autor del bolero “La adorable” y del pasodoble “Sara Montiel”

Hacía ya tiempo que deseábamos conocer al popular músico español Fernando García Morcillo. Todos habéis oído sus canciones, y, sin duda, las canturreais en los ratos de felicidad, en la oficina, en el hogar, por la calle, al volver de los espectáculos. La música de Fernando García es la compañera constante de nuestro buen humor y colgada de nuestro oído nos alivia de preocupaciones y hace amar la vida… Sonreiréis al escuchar los títulos alegres y bonitas canciones, como si nombrásemos deliciosas amigas queridas: “La vaca lechera”, en primer lugar… Ya, ya caigo en que una vaca lechera no es comparable nunca a una buena amiga… Sin embargo, esta de García Morcillo se ha hecho amiga de todas las gentes de las cinco partes del mundo. Es una canción universal… No es nada fácil conseguir eso… Lanzar una serpentina de color que logre enredarse a lo redondo de la tierra, y cantar alegría en millones y millones de labios sonrientes… Pero, es que, además, Fernando García Morcillo es el inspiradísimo compositor que lanza día a día hermosas canciones folklóricas españolas: esa maravilla del bolero “María Dolores”, que Sara Montiel popularizó en Méjico con éxito sin igual, tiene como graciosas hermanas gemelas, de idéntico garbo y gracia, a “Malvarrosa”, “Santa Cruz”, “Chilena”… Y ahora, la larga serie, la guirnalda de canciones logradas con indiscutible inspiración, se ha enriquecido con… Pero esto merece párrafo aparte.
Ya saben ustedes –lo ha publicado toda la Prensa- que a Sara Montiel le ha picado una víbora en su lindísimo pie… La gentilísima artista, a la que todo Méjico llama “La adorable”, volvía de los Estudios Chamartín de filmar las escenas del guión que acaba de terminar, “Aquél hombre de Tánger”, cuando, en el coche en que iba, sintió inesperadamente la mordedura de un áspid… Sara es un bello nombre; pero predispone a misteriosos orientalismos, escenas egipcias o de Cartago, cuando Cleopatra o Salambó, jugando con víboras, sentíanse heridas en los torneados brazos o en el rosado cuello por la succión de las sierpes venenosas. Tan bella como aquellas legendarias hermosuras, es Sara Montiel, la genial estrella del cine hispanoamericano, y no nos extraña que una víbora la confunda con Semiramís, Cleopatra o Salomé. Ha habido que cuidarla, a nuestra bellísima Sara, orgullo y gloria del cine español, ya figura internacional del séptimo arte. La Prensa y Radio han divulgado el percance, y de todo el mundo llegan cablegramas, recados, tarjetas y cartas acompañando grandes ramos de flores. La víbora, después de todo, era una compañera de trabajo, una camarada de los Estudios… Se trataba de un animal que utilizó, sin miedo, decidida, la mismísima Sara en unas escenas del rodaje, y, claro está, no ha sido posible castigarla con la muerte por el daño producido en el piececito derecho de “La adorable”.


Pues, bien… Cátate que entre los muchos amigos que con motivo del desgraciado suceso han acudido y acuden al apartamento –tan bello y coquetón- de la bellísima Sara Montiel a testimoniarle su afecto, coincidió la periodista con el celebérrimo compositor de “El último güito”, la tricentenaria revista del teatro de la Zarzuela.
El ambiente, delicioso. La charla –entre artistas-, amena… Vive Sara Montiel, cuando está en su amadísimo Madrid, en un “nido” casi colgado del cielo, en el corazón de la ciudad, en su calle del Carmen, y, en los descansos de cada piso, por original gusto del dueño de la finca, hay colgado un bello madrigal, un “piropo”, el mejor “obsequio” que se le puede hacer a una mujer que, como Sara Montiel, es un monumento: grandes espejos biselados y de luna clara y perfecta. En el saloncillo de visitas, otro “piropo”: un admirable cuadro de Sara –quince años- al óleo… Pero, con todo, quien mejor la piropea es Fernando García, que lo hace con música, y que, después de agasajarla con la exclusiva de media docena de boleros que grabara Sara para estrenarlos en las grandes emisoras mejicanas, acaba de dedicarle dos hermosísimas canciones: un bolero, titulado “La adorable”, y un pasodoble españolísimo –como un mantón de Manila hecho canción-, que lleva por título “Sara Montiel”…
-¿Cómo ha hecho usted de Sara Montiel, la maravillosa, la sin par estrella, su Musa, admirado maestro?...
Amable, lleno de atrayente simpatía, el inspirado compositor nos explica:
-Verá… Yo no tenía aún el gusto y el honor de conocerla personalmente hasta que regresó de Méjico, hará un par de meses, y me cautivó que ella fuera elegida para representar a la mujer española en las Fiestas de la Primavera de la nación hermana. El enorme triunfo que obtuvo, haciendo que el Méjico que se siente entrañado a nosotros, el hijo más preclaro y amado de la Madre Patria, viera en ella la auténtica representación de la Belleza y el Arte de la gloriosa Nación del Descubrimiento… Todo ello me tenía en ascuas, por el ansia de conocerla y ofrecerle  mi homenaje de admiración, que, por tratarse de mí, no podía tener otra expresión que la música…
-¿Y Sarita inspiró a usted?...
-Un pasodoble, desde luego, del que estoy muy satisfecho… Y un bolero, que es como el eco triunfal de su paso por Méjico a través de su primavera esplendorosa, pues se titula “Adorable”, como todo Méjico se enorgullece en decirla…


Tres expresiones de Sarita Montiel. 

Sara Montiel, todavía con el pie entre gasas, viene a nuestro grupo y nos expresa su contento por la música que le ha dedicado el popularísimo maestro: pero también su pena, porque pronto ha de dejar su Patria, que ama tanto, para volver a andar por el mundo…
Fernando García Morcillo –un gran músico como malísima voz-, a ruegos nuestros, nos tararea las composiciones que ha dedicado a Sara Montiel… Pero, de pronto, generoso, nos invita a escucharlas “de verdad”, al piano, en su estudio de artista.
Dentro de breves –brevísimos- días, Sara Montiel, con su voz de aterciopelados matices divinos, llevará por América –en radios y teatros- las canciones que estamos oyendo, y de las cuales la encantadora artista española –universal- llevará la exclusiva: “Madrileña verbenera”, “Estudiantina”, “Mi guitarra”, “Novia del río”, “Noches de Aranjuez”, “Otro día sin ti”, “Despertar”, “Me dejarás un día”…, y la preferida de Sara, el bolero “Un solo día”, que también será estrenado por ella.
Todas nos entusiasman, y así se lo expresamos al joven triunfador Fernando García; pero, especialmente –por tratarse de un homenaje a la gloria de Sara Montiel-, nos encantaron el bolero y el pasodoble, que destacarán por toda América el bello nombre de la genial artista y luminosa estrella del cine universal…
CARMEN MORENO



(Pincha en la foto para ver en tamaño original)


LA FOTO CCLXXIII


Imagen de la época tomada por el genial Gyenes. 

viernes, 26 de enero de 2018

DIEZ MINUTOS - 21 de Octubre de 1.956 - España


Sarita Montiel, ausente varios años de nuestro cine, ha vuelto para hacer aquí "El último cuplé". Sarita es una de las más guapas estrellas del mundo. 


EL RECORTE CCLXXII
Hasta que Sara forjara su estrella con 'El último cuplé' pasó casi una década desde que se aventurase en México en busca de un futuro mejor. Quizá la época más interesante y desconocida de la estrella. En el terreno sentimental se casó con su primer marido: Anthony Mann. En este Primer Plano, 3 de Febrero de 1.957, aparecen las primeras informaciones del, por entonces, reciente enlace. 


SARA MONTIEL
SE CASA CON UN FAMOSO DE HOLLYWOOD
Nombre del famoso: el director Anthony Mann

La noticia nos la habían comunicado varias veces, pero PRIMER PLANO, siempre preocupado por dar exclusivamente la verdad a nuestros lectores, nada quiso decir hasta oírlo de labios de la propia Sara Montiel. Porque ya se sabe que en cine las noticias unas veces suelen ser verdad y otras no tanto. Pero cuando la noticia la dan los propios interesados, creemos que no hay lugar a dudas. Y ya con Sara de carne y hueso nos enteramos de que la boda con Anthony Mann, el director de “Hombres”, la primera película de Marlon Brando, fue hace tres meses en los Estados Unidos. Que ahora vienen de hacer un viaje por Europa y que las dos capitales visitadas últimamente han sido Londres y París. Que en Londres se compró unos bolsos preciosos y que en París infinidad de sombreros y zapatos, que son sus dos grandes caprichos. Que ahora regresan a Hollywood y que allí será la protagonista de “Pasajeros a Bali”, de la que su marido será director y productor. Que este paseo por Europa ha sido para realizar el proyectado viaje de novios, que aún estaba sin hacer. Y que aún le queda otra parte de viaje que harán este verano por mar, que es lo que más le gusta a Anthony Mann. El mar y la pesca son las dos cosas que suelen llenar sus días de vacaciones.

(Foto Sainz)


LA FOTO CCLXXII



Fotografiada por Ibáñez en la época del 'Cuplé'.

viernes, 19 de enero de 2018

CARTEL - Del lunes 28 de enero al domingo 3 de febrero de 1.946 - España


La diva aparece sólo en la portada. 


EL RECORTE CCLXXI
En la década de los 40 Sara Montiel aparecía como la refulgente estrella del cine español. Un futuro prometedor que, sin embargo, no llegaría hasta 10 años más tarde, después de haber pasado por México y Hollywood, pues nunca encontró su lugar en el cine de la postguerra española. Esto decía de ella la revista Primer Plano en su número de 16 de Noviembre de 1.947. 


SARITA MONTIEL,
toda una damita

He aquí cuatro expresiones de Sarita Montiel. Sarita Montiel es gentilísima y, además, la más joven de las grandes figuras femeninas del cine español.
Quizá sepa ser ingenua a tiempo. Quizá sepa como nadie dominar los duendes de su juventud y ponerse dramática también a tiempo.
Es Sarita Montiel en cuatro fotografías.


Y su rostro en las páginas de PRIMER PLANO, cuando caen las hojas de otoño, sirve para cruzar sobre la estación que anuncia el invierno los fuegos de su juventud, que es la primavera.
Íbamos a escribir casi un poema. Sarita se lo merece. Pero nos quedamos en la prosa.


(Fotos Manuel)


LA FOTO CCLXXI


Nuestra jovencísima y todavía rubia Sarita Montiel. 

sábado, 6 de enero de 2018

VIDA MUNDIAL ILUSTRADA - 14 de Junio de 1.945 - Portugal


Uma das mais lindas e ovens artistas do cinema espanhol. E a protagonista de "Empezó en boda" e será a estréla de mais um filme luso-espanhol dirigido por Vadja, de colaboracao com produtores portugueses. 

(La artista sólo aparece en la portada)


EL RECORTE CCLXX
Curiosas las palabras de la recién estrenada Sara Montiel (antes María Alejandra) a Marca en su número de 31 de Octubre de 1.944. En ella confiesa las ilusiones, proyectos y aficiones de la, por entonces, estrella más joven del cinema español. 


celuloide
SARA MONTIEL
y la caña de pescar
La estrella más joven del cine español rema, patina y monta en bicicleta

La nueva estrella de cine Sara Montiel. 

LA ESTRELLA NUEVA
Amparito Rivelles, que empezó su carrera cinematográfica a los quince años, ha sido hasta hace poco la estrella más joven del cine español. Pero éste es uno de los títulos que no se pueden conservar indefinidamente. El tiempo pasa, las personas crecen y llega un momento en que se presenta otra candidatura que no hay más remedio que aceptar porque se presenta acompañada de todos los requisitos legales. Amparito Rivelles ha dejado de ser la estrella más joven del cine español; pero, en cambio, muchos son los que la votarían como la estrella más rutilante, y puesta en caso de elección, no cabe duda que se decidiría por lo segundo. ¿Quién ha pasado a ocupar su puesto? Pues la deliciosa joven con la que nos hemos encontrado hoy y cuyo nombre artístico ilumina ya las carteleras de las fachadas de los cinematógrafos. Hemos nombrado a Sara Montiel, nombre que tiene sabor de protagonista de novela y hasta de buena novela. Sara Montiel tiene una edad que no quiere confesar porque es demasiado tierna. Es decir, que a ella le ocurre lo contrario que a la mayoría de las mujeres, que no quieren confesar los años porque se les antoja que son demasiados, cuando en realidad no se tienen nunca más que los justos. Sólo diremos que Sara Montiel iba hasta el otro día con calcetines y que cuando se vio con tacón alto ella fue la primera sorprendida. Pero sus exigencias de protagonista de películas la obligan ahora a aparecer un poco mayor de lo que es y un poquito más seria. Ella ha tenido que decir adiós de repente a todos sus recuerdos infantiles y tiene que proceder ya como una mujercita.


La pescadora, a punto de perder la paciencia. 
Por la orilla del río va Sara Montiel, en busca de un sitio adecuado para tirar el anzuelo. 

BOGAR, BOGAR, BOGAR…
Cuatro son los deportes, cuatro, a los que, sin pensar nunca que hacía deporte, se ha entregado desde muy pequeñita esta Sara Montiel que, no obstante su juventud, conoce ya casi toda la geografía de España y buena parte de la de Francia. Nuestra estrella ha nacido cara al Mediterráneo y así no es extraño que uno de estos deportes sea el remo y otro la pesca. Nos explica algo de esto y empieza la explicación cantando:
Bogar, bogar, bogar,
es toda mi ilusión…
-Y además, cantando bien, cualidad que le hacemos observar.
-Es que estoy dando clases con un profesor de canto.
-¿Y qué es lo que quieres cantar?
-Ópera –nos responde sin vacilar.
-Pero yo tengo entendido que las cantantes de ópera tienen que pasar de los sesenta kilos.
-Bueno, con el tiempo y muchos huevos fritos, todo puede conseguirse.
Se ríe de su propia gracia y yo me río también. Sin embargo, tengo la sospecha de que Sara Montiel se saldrá con la suya, porque debajo de su fotogénica cabellera rubia se esconde una gran voluntad, aparte de que en su garganta hay un verdadero tesoro, que es lo principal.


La pesca tiene su técnica. Sara Montiel suelta hilo para que el cebo llegue al sitio preciso. 
El pez picó; pero luego soltóse, y de ahí el gesto de rabia de la pescadora. 

A VER LO QUE SE PESCA…
-Lo que me parece un poco raro en una muchacha es que sea aficionada a la pesca. ¿A qué se debe tu entusiasmo por un deporte que es más bien reposado y contemplativo?
-Esa es una falsa opinión que tienen las gentes que no entienden una palabra de pesca. En este deporte hay una emoción que sólo comprenden los que se dedican a él.
-Cuando tú lo dices…
-No hay duda alguna. El ver si pican sus atractivos. Además que pescar no consiste sólo en sostener una caña. Hay que saber muchas cosas, desde el modo de tirar el anzuelo, hasta lo que se va a pescar, dónde se debe pescar y cómo hay que pescar.
-¿Y tú sabes todo eso?
-Naturalmente. Yo sé lo que me pesco.
-Eso está muy bien.
-He pescado en mar y en río. La pesca en el mar es más aparatosa y espectacular. En el río, me gusta más porque es más particular y quien maneja la caña tiene más oportunidades de probar su saber y… su paciencia.
-¿Y en la calle?
-De eso, ni hablar. No me gusta la pesca en aguas urbanas, ni me agrada su estilo ni la clase de peces que se cogen.
-¿De verdad, de verdad?
-Como te lo digo.
-Lo que procurarás, entonces, es que no te pesquen a ti.
-Tengo yo muchas escamas para eso. ¡Con lo bien que se vive nadando tranquilamente entre dos aguas!
-¿Te gusta la caza?
-No, por Dios. Me dan mucho miedo las armas de fuego.


Una hora así..., y no ha picado ninguna. 

PATINAR, BICICLETEAR…
-Entonces, ¿cuáles son los otros dos deportes que faltan para completar los cuatro de que me has hablado?
-Los deportes que hemos hecho todos los chicos. Patinar y bicicletear. Las dos cosas me gustan mucho. Tengo unos patines último modelo y una bicicleta aerodinámica. Los patines me los pongo poco ahora porque no encuentro sitio donde practicar este deporte a mi gusto; pero en cambio con la bicicleta me doy los grandes paseos, siempre por sitios donde no haya cuestas, ya que trato de divertirme y no de ganar el premio de la montaña.
-¿Ya no hay más deportes?
-No hay más, no. Me gusta el fútbol como espectadora, pero nada más.


Sara Montiel, dispuesta a pescar. No falta más que los peces sean complacientes. 

LA ELECCIÓN DEL NOMBRE ARTÍSTICO
-¿A qué se debe el llamarte, para las películas, Sara Montiel?
-A lo de siempre. Se necesita un nombre breve, que tenga cierta soronidad, que llegue pronto al oído… Antes, me habían puesto María Alexandra. Pero no acababa de convencerme. Resultaba un poco extraño. Yo quería algo completamente español y así surgió el Sara Montiel, con el que estoy francamente contenta, porque con él he hecho por primera vez de protagonista.
-Luego, entonces, ¿ya habías actuado antes ante la cámara?
-Sí. Antes había desempeñado un papel en Te quiero para mí.
-Y fue tal vez por lo bien que lo hiciste por lo que…
-No, no… Lo que ocurrió fue que un popular semanario publicó en la portada un retrato mío. Este retrato lo vio Matarazzo, el director que se disponía a rodar Empezó en boda y aun no tenía protagonista. Hizo que me buscaran, me sometió a unas pruebas, salí bien y… eso fue todo.
-Entonces acabas de romper el cascarón del anónimo.
-Poco más o menos. Y desde que ha empezado a proyectarse la película, me llaman por teléfono, me escriben, me visitan periodistas para preguntarme cosas… Ahora he comenzado a darme cuenta de lo que significa el tiempo. Porque yo antes tenía tiempo para todo, y ahora, entre unas cosas y otras, resulta que no tengo tiempo para nada.


Para engañar a sus víctimas, Sara hace como que mira a otro sitio. 

TODO EMPEZÓ POR UNA SAETA…
Pero no se crea que Sara Montiel –antes María Alexandra y en la realidad María Antonieta Abad- llegó al cine como si dijéramos sin apenas darse cuenta. Resulta que hace ya algunos años que venía preparándose para la empresa. La cosa se inició cuando cantó una saeta en la Semana Santa de Orihuela. La oyó una señora de Valencia y quedó maravillada. Tanto, que la hizo en la capital levantina seguir cursos de educación artística. A partir de entonces, siempre ha estudiado canto y declamación y siempre ha esperado el día en que pudieran probarse sus condiciones para actuar en la pantalla. Ese día ha llegado, pero Sara Montiel continúa con sus estudios en un continuo deseo de perfeccionarse. Ahora tiene sobre la mesa de las ofertas dos proposiciones y la muchacha deshoja la margarita de la incertidumbre. Entre tanto, estudia, lee biografías de las grandes figuras históricas, contesta cartas y llamadas y se va a montar en bicicleta o coge la caña y pasa el día en el campo, junto al río, olvidada completamente de sus triunfos para entregarse a este juego de ver si pican.

ALBERTO ARENAS
Fotos: MANZANO


LA FOTO CCLXX


Una jovencísima Sara Montiel, de la que celebraremos, el próximo 10 de Marzo, el 90 aniversario de su nacimiento en Campo de Criptana (1.928).