sábado, 21 de abril de 2018

L' EUROPEO - 22 de Marzo de 1.959 - Italia


LA COPERTINA
Sarita Montiel. L'attrice e cantante spagnola si è presentata per la prima volta in Italia in un ruolo di primo piano col film La violetera. La Montiel, moglie del regista Anthony Mann, che realizzò Il piccolo campo, fu tra le ospiti più notate, per la sua bellezza, al Festival di Venezia. Il suo primo lavoro d'impegno fu nel film Vera Cruz, prodtto a Hollywood. 


EL RECORTE CCLXXVIII
Seguramente, la diva nunca pudo imaginar que 20 años después de los estrenos de 'El último cuplé' y 'La violetera' sería la estrella que fué, que se mantenía, y seguía enamorando al gran público. En este reportaje de Lecturas, de 17 de Noviembre de 1.972, vemos un ejemplo de ello. 


SARA MONTIEL,
EN LAS VEGAS:
“Desde hace años me doy una vuelta por aquí, siempre que puedo, para ver los ‘shows’ y coger ideas”
Desde Las Vegas, Sarita se fue a Los Ángeles, donde le dieron la “Llave de la ciudad”.

La imagen de Sarita en Las Vegas es realmente nueva. Sin embargo, la españolísima estrella asegura que va todos los años, para dar un "repaso a los espectáculos". 

La llegada a Las Vegas durante el día es sorprendentemente triste. La retina se acostumbra pronto al paisaje sin alteraciones del desierto; no hay perfiles, no hay desniveles…, luego, casi con sobresalto, se descubre el grupo de polvorientas casas que, agrupadas a lo largo de una ancha autopista, constituye Las Vegas.
La nota más pintoresca a la luz diurna quizá se encuentre en las pequeñas iglesias con luminosos cambiantes, ofreciendo sus servicios matrimoniales en días de veinticuatro horas: “Open 24 hours”, “Marriage day & night”… y un largo etcétera de sugerentes propuestas.
Ya con la puesta de sol y los largos y brillantes “carros” corriendo por el asfalto, se encienden las primeras luces. A esta señal acuden los luminosos de toda la ciudad en un intento de incendiar el horizonte. Las Vegas se convierte en una gran antorcha, una atrayente e inmensa luz, donde quedan atrapados los aventureros del mundo.
Hoteles altos y confortables en un supremo esfuerzo por atraer clientes convierten sus vestíbulos tragaperras se suceden a lo largo y ancho de la ciudad, incluso en la farmacia se pueden jugar unos níqueles, mientras se espera el benigno fármaco.
“Shows” a cargo de Sergio Mendes, Nancy Sinatra, “Sonny & Cher”, Belafonte… Caras conocidas del mundo del espectáculo se enfrentan a la ruleta, se entrecruzan en el “hall” de los hoteles e incluso hacen cola pacientemente para asistir al “show” nocturno.



Bajo los anuncios luminosos de los cabarets y salas de juego, Sarita posó para nosotros, en un completo recorrido por la famosa "city".

Es uno de mis numerosos vagabundeos y cuando ya la máquina tragaperras se hubo engullido mi último centavo, encuentro, no sin cierta sorpresa, a nuestra españolísima Sara.
Con unos kilos de más, con unas joyas de más y bien cobijada bajo una estola de visón, sale Sarita del “show” de Nancy Sinatra, que se presenta en el Hotel Riviera. Todo en ella resulta omnipotente, agresivo, trivial y maduro. La Sara que nosotros conocemos se ha atrincherado tras la personalidad que en su día difundió y de la que ha hecho su única dimensión pública. Pero esto es aparente o al menos parece aparente cuando se habla con ella.
Le pregunto si se le pueden hacer fotos en Las Vegas “by night”, a lo que accede encantada, mientras piensa en las posibilidades que ofrecen las luces de los neones para su rostro. En un recorrido por la “city” posa aquí y allá con auténtica profesionalidad, elige el luminoso, separa un poco la cabeza evitando primerísimos planos, se fotografía delante del Pionner Club, uno de los locales más antiguos de la ciudad.


Sarita se situó delante de las máquinas tragaperras, aunque aclaró que, a pesar de que hace muchos años que va a Las Vegas, nunca le gustó el juego. 


Sarita fue a recibir la "Llave de la ciudad", de Los Ángeles, de la que se ha hecho merecedora a través de la difusión que han tenido sus películas allí. 


A su regreso a España, Sarita comenzará a rodar una nueva película, esta vez a las órdenes de Angelino Fons, que llevará por título "De aire y de fuego". 

Se sitúa delante de las máquinas tragaperras, aunque rápidamente aclara que, a pesar de que hace muchos años que va a Las Vegas y de que su ex marido, Anthony Mann, era un gran jugador, no le gusta ni el juego ni la bebida.
-En estos momentos me encuentras en Las Vegas porque he venido a ver los “shows”. Desde hace años, y siempre que puedo, me doy un repaso a los espectáculos de aquí para coger ideas… Mañana, no obstante, vuelvo a Los Ángeles, donde me han dado recientemente la “Llave de la ciudad”. ¡Gonzalo, cuéntale eso!
Sarita delega la explicación en Gonzalo Checa, director de Metropolitan Theatres Corporation, quien se apresura a darme hasta el último detalle sobre la visita de quien él considera una de las diez actrices más populares en América.
-¡Encantado! La Cadena Metropolitana, la ciudad de Los Ángeles y la Casa de España, se han aunado para dar a Sara Montiel la “Llave de la ciudad”, de la cual se ha hecho merecedora a través de la difusión que han tenido sus películas acá. Por favor, transmita a los lectores de España nuestro agradecimiento por habernos proporcionado una artista de la categoría de Sara. Hace unos días hemos hecho su “premiere” de la película “Varietés”. Ha sido un éxito.
Interpelo de nuevo a la diva:
-¿Cuánto tiempo te piensas quedar en Los Ángeles?
-Bueno, tengo que regresar dentro de poco a España para empezar el rodaje de una película de Angelino Fons, titulada “De aire y de fuego”, en donde hago un papel de cantante. En principio se ha previsto por rodar exteriores en París, Roma, Londres y Madrid. Pero para la primavera volveré a estar aquí, pues voy a realizar una “tournée” por Las Vegas, Buenos Aires, San Francisco, Los Ángeles, Nueva York…


La actriz quiso que la fotografiásemos delante del Pionner Club, uno de los locales más antiguos de Las Vegas. 

-¿Continúas con tu estilo?
-Eso depende. De momento estoy preparando canciones modernas, que cantaré en inglés y en francés. Uno de los que componen canciones para mí es el hijo de Vittorio de Sica.
-¿Cómo estás de posibilidades?
-Perfectamente. Estoy en un momento tan bueno como siempre, además, debuto próximamente en el Olympia, de París. ¡Así que figúrate!
Comento sobre la expectación que causa la presentación, en Las Vegas, de Liza Minnelli, y sobre el éxito de su película titulada “Cabaret”. Sara me dice que no puede quedarse a presenciar el espectáculo porque su pasaje de avión es para la mañana siguiente.
-¿Cómo eres?
-Soy yo misma, sin imitar a nadie, por eso me mantengo siempre arriba. Soy igual fuera que dentro de la pantalla, y mis personajes se ajustan a mi personalidad sin alteraciones.


Sarita no descuida nunca su aspecto. Bajo las luces de Las Vegas, retoca su maquillaje. 

-Bien, pasemos a otra cosa. ¿Qué hay de tu finca en Palma de Mallorca?
-Me he comprado una casa en Palma, donde paso temporadas. Me gusta mucho la vida allí; además, puedo pintar y trabajar en cerámica, que es lo que me gusta.
-¿Te lo tomas en serio?
-Naturalmente, bonita. No quiere decir que me presente a una exposición, pero tomo muy en serio la cerámica, tanto es así que he hecho poner en mi finca un horno de ladrillos calentados.
Sarita me hace un caso relativo, está especialmente pendiente del fotógrafo.
-Oye, fotografíame aquí, que hay una luz muy suave. Espera, que me arreglo la cara…
-¿Sabes tanto de fotografía como dicen?
-Pues claro que sí, rica, tanto como tú tienes que saber de periodismo.
-¿Eres conocida aquí?
-Ya lo creo. Figúrate que esta tarde tomamos un taxi y el taxista me fue diciendo que le recordaba muchísimo a una famosa artista española. Al final, y cuando me pudo ver bien la cara, me dijo: ‘Tú eres la Montiel’, y, contentísimo, no me cobró el recorrido. Eso es bastante frecuente, ten en cuenta que soy una de las artistas españolas que más se conoce en América.


La popularidad de Sarita por aquellas tierras es considerable. Según ella misma nos explicó, en muchas ocasiones la reconocen por la calle. 

Sarita se pasea por medio de la calzada con sus altísimos zapatos de aguja y su estola de visón, se para de vez en cuando y justo en el momento que considera que la luz es buena para fotografiar. Los automovilistas frenan ligeramente perplejos y ella, con aire de abanderada, les da paso.
Se queja de que tiene hambre, y son ya las tres de la madrugada cuando en un local permanentemente abierto se come un par de bocadillos. Se acompaña con coca-cola, sosteniendo su afirmación de anti-alcohólica. Me comenta que tiene billete para Los Ángeles a las siete de la mañana y parece no importarle demasiado que por la noche se presente el “show” más importante del año en Las Vegas: la ‘premiére’ de Liza Minelli.
En la tarde del día siguiente, cuando suponía a la artista ya en Los Ángeles, la veo, no sin asombro, perdida en la cola del “Show Minnelli”, ligeramente inquieta de ser reconocida entre la multitud norteamericana.
Acabo el reportaje aún perpleja de que Las Vegas, en la noche, tenga la misma imagen dorada difundida por las películas de Elvys Presley y Ann Margret y que, a pesar del tiempo, a Sarita le dé cierto rubor confesar que le interesa la famosa “show-girl” de “Cabaret”.

Texto: G. F.
(Fotos O. M.)


LA FOTO CCLXXVIII


La diva a finales de los '50. 

domingo, 8 de abril de 2018

TRIUNFO - 25 de Septiembre de 1.958 - España


Portada: SARA MONTIEL ha logrado un impresionante récord para el cine español: año y medio de permanencia ininterrumpida en la pantalla del Rialto madrileño con solo dos títulos, "El último cuplé" y "La violetera". (Foto Ibáñez)

NUESTRA PORTADA
SARA MONTIEL
Efectivamente, nunca hasta ahora el cine español había conseguido un récord tan impresionante: un año y medio de permanencia ininterrumpida en la pantalla de un cine de estreno madrileño con sólo dos títulos. Y este récord, hasta hace poco increíble, ha sido conseguido por Sara Montiel, la sensacional protagonista de “El último cuplé” y “La violetera”, sus dos títulos consecutivos.
El viernes pasado, para solemnizar tan importante efemérides, en el cine Rialto se ofreció un gran homenaje de admiración a Sara Montiel, en el que le fue entregada una placa conmemorativa, que será colocada en el vestíbulo del conocido cine de la Gran Vía. De este acto, fecha destacada en la historia de nuestro cine, publicamos una amplia información en las páginas de este número.  (Foto Ibáñez)

SARA MONTIEL
RECIBIÓ UN GRANDIOSO HOMENAJE
LA EXCEPCIONAL ESTRELLA DE “LA VIOLETERA” HA BATIDO UN IMPRESIONANTE RECORD PARA EL CINE ESPAÑOL


Noche grande para el cine español. Se va a rendir un grandioso homenaje de admiración a Sara Montiel, estrella de primera magnitud que ha logrado permanecer en la pantalla del cine Rialto durante año y medio con sólo dos películas: “El último cuplé” y “La violetera”.


El público se agolpa a la entrada del cine para gritar su entusiasmo a la estrella preferida. Ella baja de un Mercedes color gris plata, acompañada de su marido, toda vestida de azul, con un escote grande y, sobre el escote, un collar de esmeraldas y brillantes que hace temblar hasta los focos. Custodiada por la fuerza pública y asediada por cazadores de autógrafos. Sara Montiel llega a la puerta del cine. Allí se vuelve, levanta su mano y saluda. Y después se dirige al escenario, donde el señor Vara, en nombre de la empresa del cine Rialto, le va a entregar la placa conmemorativa del acto. Ferman, el gran locutor, hizo la presentación de la actriz y le formuló una serie de graciosas preguntas, que Sara contestó con su habitual personalidad. A continuación, el escenario se llenó de cestas y ramos de flores y… Sara Montiel comenzó a llorar. Abrazada a su placa, apenas podía dar las gracias, y sólo pudo decir que ella intentaría superar su trabajo, que todo se lo debía al público, que se marchaba a La Habana para actuar en la televisión…



Los flases de los fotógrafos se disparaban con una velocidad increíble. Las ovaciones se sucedían sin cesar. El público aclamaba a Sara Montiel. Noche memorable para el cine español y noche memorable para una actriz para una estrella, para una gran figura que ha conquistado no sólo las pantallas españolas, sino también las del mundo entero.

 EN BREVE COMENZARÁ “CARMEN LA DE RONDA”
Una producción de BENITO PEROJO, que presentará DIPENFA


EL RECORTE CCLXXVII
En la revista Blanco y Negro con fecha de 2 de Junio de 1.973, la diva hacía su particular análisis del pasado, presente y lo que podría ser su futuro. Se mostraba, "tal cual es". 


SARA MONTIEL
tal cual es
-¿Le habría gustado ser Gloria Swanson en “Sunset Bulevard”?
-El único papel que he envidiado ha sido el de Ingrid Bergman en “Casablanca”.
Sara Montiel, más lista que el rayo, me desconcierta con su llaneza y vitalísima campechanería. Acude a nuestra cita con el pelo recogido, sin maquillar y afónica. Está ensayando las canciones de sus dos próximos L.P.
-No me importa ensayar resfriada. Me ambiento con el maestro, para memorizar los tonos y aprenderme las letras; no para cantar…
Cuentan que Rusiñol, Casas y Manolo Huguet se apostaban tras los acantilados mallorquines para contemplar las puestas de sol. Si les disgustaban, las silbaban. Pero su escenografía crepuscular les fascinaba, las aplaudían. Así me siento yo, después de dialogar con Sarita Montiel, de quien esperaba gran aparato y mayor fanfarria:
-Acepto que me tenga por “Monstruo Sagrado”, aunque prefiero me vea tal cual soy. Me quedan cinco o seis años aún para armarla; y crea que daré guerra hasta el último instante. Me disgustan las baladronadas, pero si insisto en augurarle que emplearé esos cinco o seis años para rematar mi odisea estelar, crea que lo digo en serio. ¿De qué me habría servido haber puesto a millones de personas de cara a la pared, durante veinte años, en la oscuridad de los cines, para soltarlos ahora, así, por las buenas? No, amigo…
Tiene la voz cansada. No es por el resfriado, sino por tener que repetir una vez más:
-Mi padre fue mayoral en Orihuela…, en la finca de unos marqueses. Yo era rubia, casi blanca; de ojos muy azules… ‘Tráete a la Princesa Dorada’ –le pedían a mi padre los amos-; querían oírme decir ‘Vapo’, deformación de guapo, equivalente a bello y hermoso. Sabían que jamás me equivocaba si decía ‘vapo’ ante una obra de arte, y dían antes habían comprado un nuevo cuadro. De ahí que, cuando sostuve pública refriega con un joven director, nuestras discrepancias lo fueran sobre la palabra ‘vapo’. Ese director no entendía por ‘guapo’ lo mismo que yo.


-Sé que no soy infalible en materia de estética. Pude equivocarme. Únicamente presumo de conocer bien mi oficio. Soy aficionada a la fotografía; aprendí montaje, y trabajé como ‘scrip’ con Tony Mann.
-A los ocho años gané un concurso que ‘Cifesa’ organizó en El Retiro, entre participantes infantiles de todas las provincias españolas, con Boby Deglané como presentador.
-A los catorce años, ¡que es la edad en que Marisol empezó como niña!, yo tenía ya que apartarme cuando se me acercaba un hombre de cara. ¡Siempre fui muy poderosa como mujer!
-No me gusta dar consejos. En especial, a las que comienzan. Pero esta vez lo haré. Primero: ¿Estáis bien convencidas de vuestra vocación. Segundo: ¡Aprovechaos de cuantos medios pongan a vuestro alcance, las autoridades y el dinero, para estudiar! Tercero: No os conforméis con pequeñeces; ¡hay que ser figura! Cuarto: ¿Poseeis buen olfato para saber elegir a la gente que tendrá que trabajar con vosotras? Quinto: Deberéis imponeros sin levantar la voz, a menos que no os importe ser devoradas, y no equivocaros jamás con los escritores. ¡Quien no sepa descubrir un buen guión, que se prepare a llorar la oportunidad perdida!
-¡Firmo más contratos que nunca, para actuar en pista! A la gente le gusta verme en persona. ¡Están deseando descubrir mis defectos! Y les doy gusto, sin derrocharme en recitales. No sé mantenerme dos horas seguidas ante el micrófono. ¡Me aburre! Las “galas”, en cambio, me divierten. Me “meto” con el público, y me convierto en un personaje ameno; lo paso en grande. ¡Ojo, a las que empiezan!: “Diviertes en tanto te diviertas. Si te aburres, acabarás también aburriendo”.
-No me sorprendería acabar descubriendo que yo intuyo mejor la psicología del público, que la de los personajes de guión. Sé lo que les interesa a los espectadores. Y lo sé, porque en todas partes el ser humano es igual.
-“Mi público” es, sobre todo, femenino. Tengo anécdotas que usted no podría publicar. Pero le voy a contar una, ocurrida el día del estreno de “Varietés”. A la salida, una mujer le decía a su esposo: “¿Ves? Con esa mujer no me importaría que me la pegaras! ¡Esta, sí vale la pena!...”
-Imagino que mi presencia no las hiere. Debe de ser algo así como que las hago sentirse importantes al pensar: “¡Tiene buen gusto mi marido!” No se sienten vejadas, y me son incondicionales en todo el mundo.
-Cuando no canto, intereso por los ojos. Cuando canto, por la boca.
-Sigo vigente y en alza. Se me avecinan tres películas. Una de ellas, con ese gran director llamado Sam Peckimpah…
-Mi vida ha sido tormentosa, con grandes altibajos. La gente le dirá que todo me fue fácil. ¡Qué saben ellos!... Por ejemplo: Recién había terminado el rodaje de ‘El último cuplé’, en Barcelona. ¿Sabe esa gente en dónde vivíamos mi madre y yo? En una ‘habitación con derecho a cocina’, con las doscientas cincuenta pesetas de dietas que me daba la Productora. Mientras tanto, los entendidos en cine –productores, distribuidores y exhibidores, todos grandes potencias- condenaban la película al fuego. Sentenciaron que yo estaba muy mal, y que no cantaba. Nadie quería estrenarla. Fue entonces cuando me fui a los Estados Unidos a reunirme con Tony Mann. Habíamos proyectado casarnos a la mayor brevedad…
-¿Sabe la gente que un día, en Los Ángeles, estando Tony y yo sin más dinero que mis últimos 38 dólares para toda la vida, él cayó enfermo del corazón. Fue en un 2 de mayo, como en la Guerra de la Independencia. Lo recordaré toda mi vida. Lo único que yo deseaba en aquellos momentos era encontrarme con alguien que adivinara lo que sería de nosotros al día siguiente. La mujer del guionista Philip Yordan se lo tomó en serio, y me presentó a Marlon Brando. Este actor me recomendó a una célebre astróloga, a quien facilité los datos de mi nacimiento para el horóscopo que me mandaría por escrito. A los dos días, o sea el 4 de mayo, esa señora me llamó urgentemente.
-¡Mi vida, según ella, iba a cambiar radicalmente de un momento a otro!: “Cuestión de horas”, me dijo. ¡Y acertó! ¿Coincidencias? No lo sé. Lo cierto es que “El último cuplé” se estrenó el día 6, cuarenta y ocho horas después, dándoles la razón a las estrellas. Tenía yo veinticinco años.
-Los días pasan igual para todo el mundo. Y todos nos adaptamos a la fuerza. Yo, que a los catorce hice de embarazada, y luego no me dejaron entrar en la Sala de estreno, por ser menor de edad; a lo mejor, dentro de poco hago de abuela de veras, sin fuerzas ya para asistir al estreno.
-Mi muerte no sé como será, ni me importa. Me coge usted en un momento muy triste, pues la fatídica huelga de los “controladores” de la aviación francesa, ocasionó la muerte de tres de mis mejores amigos –en especial, uno de ellos, aunque a los tres quise por igual-. Fallecieron en el accidente de Iberia, procedentes de Palma de Mallorca. Por la noche, bailaba con ellos; y por la mañana, después de despedirnos… ¿Cómo saber lo que será de nosotros hoy, si todo puede ser tan repentino mañana?
-¿Lo que más echo en falta en esta vida? A mis padres.


-Mi casa se asemeja a la de un pez. Soy Piscis. Pero si jugamos al parecido con animales o plantas, digo que soy un “mirlo blanco”.
-Si a flores, a la violeta; por “La violetera”…
-Si a un árbol, compáreme con un castaño. ¡Dura mucho!...
-Soy una “selft made-woman”. Inventé mi propio mito, y no estoy descontenta del resultado.
-¿Mis ganancias? Entre el dinero que me han robado, y lo que me han dejado… ¡bien! Jamás lo invertí en “petróleos” ni en “telefónicas”. Mi inversión fue familiar: educar a siete sobrinos y ayudar a mis tres hermanos. El primero tiene cuatro hijos, y gana once mil pesetas; el otro, con tres hijos y esposa, nueve mil. En cuanto a mi hermana, que no ha tenido hijos, su  marido está enfermo desde hace tiempo.
-Algo queda para mí… ¡La gran cantidad que me une a don Ángel Ezcurra y su esposa, doña Pura, quien hace unos días me hizo un regalo, que estimo en alto grado! ¡El permiso legal que mi padre les firmó para que pudieran tenerme bajo su tutela! ¡Me ayudaron mucho!
-¿Cómo no va a parecerme maravillosa la vida? Hay luz, aire, y paisajes alegres. Añada a eso que sólo se vive una vez, y ya me dirá si podemos despreciar algo de ella. ¡Claro que, a veces, se pasa mal! Se me malograron dos hijos. Uno, a consecuencia de una caída. El otro fue por otra causa. Pero sé que puedo tener más cuando quiera, y confío en el amor. Me gusta el cielo; una buena pintura; la sinfonía que me conmovió una vez; el libro que no pude soltar hasta la última página. ¿Y qué me dice usted de lo hermoso que es dialogar con gente humilde y sana; o con gente inteligente, que, aunque tenga mala intención, lo sepas de antemano?
-Sigo casada. De Tony Mann me divorcié del mismo modo que nos unimos, por lo civil. Luego, en Roma, contraje matrimonio eclesiástico con el que hoy sigue siendo mi marido, José Vicente Ramírez. Y prefiero no añadir nada más sobre este tema.
-¿Con Onassis? ¡No! No me habría casado con Onassis. Tampoco, con Stalin. ¿Con Hitler? ¡Menos! ¿Mussolini? ¡Menos todavía! Con el presidente Kennedy, tal vez. Coincidimos en un viaje, y me gustó como hombre.
-No pertenezco a partido político secreto alguno. Todo en mi vida es público. ¡Incluso mi ombligo! ¿Qué culpa tengo yo de que, durante unos días, el mundo entero estuviera pendiente de la operación de cirugía estética de mi ombligo? ¡Fue realmente divertido! Sobre todo, fue humano. Por eso, odio la guerra, y la política inmovilista, que se niega a humanizar sus relaciones con los seres humanos, que somos todos. Una estúpida huelga ha matado a tres amigos. ¿Por qué, pues, alentar odios, en vez de sembrar sonrisas?
-El mito que yo inventé para mí quise que fuera humano, o que no fuera. ¡Véalo usted mismo!: carecía de cultura. Pues bien, con la estima de Alfonso Reyes y León Felipe, y la ayuda de Miguel Mihura, aprendí que las cosas carecen de valor si no son humanas. Por ejemplo: la Administración me prohibió “Divinas Palabras”, en cuya posible interpretación cifré grandes esperanzas. ¿Pensaron aquellos señores de la Censura en el daño que me ocasionaban al prohibirme esa oportunidad? El mayor defecto del español es el de no ayudarnos. En Francia nace una señora con el pelo largo y rubio ¡y no vea usted cómo la ponen! ¡No paga ni siquiera impuestos!...
No era esa la imagen que yo tenía de Sarita Montiel, y se lo digo. Ella me replicará: “Soy muy sencilla y sensible”. Ciertamente es así. Me lo ha demostrado en este diálogo inquisitivo a que la sometí. He comprendido por qué se hizo mito. Proyectó la falsa imagen hologramática de un “monstruo sagrado”, con el fin de encubrir su amargura. Hoy empieza a estar cansada de hichar ese globo que la elevó por encima de los demás. Está cansada de ser una Sara para sí y otra para el gran público. Aún así, me sonríe: “Sobre mi ombligo, le diré la verdad: no fue por razones estéticas. Tenía una hernia umbilical que se me salía cada vez que tosía, y quise terminar con ese suplicio”. Me hace sentir admiración. ¿Por qué confesárselo así a su público, descubriéndoles mezquinamente el truco de un buen juego de manos? E hizo bien, pues fue grande y divertida hazaña la de tener pendiente de su ombligo a todo un país. Genio le llamo yo a esa figura.

Julio Coll
Fotografías de Jaime Pato

LA FOTO CCLXXVII


Otra de Ibáñez con el premio que reconocía su récord de permanencia en pantalla. 

viernes, 9 de marzo de 2018

martes, 27 de febrero de 2018

CINE MUNDO - 1 de Marzo de 1.958 - España


La diva aparece solo en la portada. Dice así:
SARA MONTIEL. Triunfadora absoluta, en votación popular, del V Referéndum de Artistas organizado por CINE MUNDO entre sus lectores de toda España. 


EL RECORTE CCLXXVI
El nombre de Sara Montiel se consagró para siempre (y en todo el mundo) con 'La violetera'. Un nombre que brilló hasta el final. La artista hacía un balance de su carrera y de su vida en esta entrevista concedida a la revista Diez Minutos, en su número de 29 de Abril de 1.986. 

UN NOMBRE DE mujer
SARA MONTIEL

"Ni fumo ni bebo, y eso es muy bueno para la salud"

Sara Montiel acaba de cumplir cincuenta y ocho años. El paso del tiempo no parece afectar a esta maravillosa mujer. Feliz e incansable ha estrenado en el teatro Victoria, de Barcelona, su nuevo espectáculo, “Sara, mes que mai”. Mucho más delgada –confiesa pesar 57 kilos- ha estado durante un año sometida a un estricto régimen alimenticio. Sara Montiel continúa siendo la mujer bella y sensual, auténtico ‘boom’ de los años 50 y 60…
“ESTOY EN LA MEJOR ÉPOCA DE MI VIDA”
-Con Pepe y con mis hijos me siento realizada como mujer y viviendo la época más feliz de mi vida. Artísticamente, no. En mi profesión fui el ‘boom’ de los cincuenta y los sesenta, pero como mujer, ahora, soy muy feliz. En lo que se refiere a mi trabajo, no me puedo quejar. Todo marcha perfectamente, pero, como es lógico, voy por la calle más tranquila que antes. También es verdad que todo el mundo, hasta los más jóvenes, saben quién es Sara Montiel.
-Dicen que eres la última diva de nuestro país. ¿Es cierto?
-Eso no lo debo contestar yo. Estoy trabajando desde los diecisiete años, cuando hice “Locura de amor”. A los veintisiete ya era famosa. No he triunfado a los cuarenta, como otros y otras compañeras de profesión. Cuando cumplí esa edad casi estaba a punto de retirarme. Ahora bien, si me he mantenido todos estos años es porque nunca he engañado al público. Siempre he ofrecido lo mejor de mí. ¿Que si soy la única diva? Eso tendrías que decirlo tú, ¿no crees?


"Soy una madraza maravillosa", dice Sara de sí misma. 


Es posible que Saritísima vuelva al cine. Se lo está pensando. 

“NO ME PODRÍA PLANTEAR LA VIDA SIN PEPE”
Sara habla dulcemente; sus palabras están llenas de una sensualidad especial, la misma que la hizo famosa en otro tiempo.
-¿Has roto corazones?
-Algunos, pero eso es historia pasada. Hace dieciséis años que encontré el verdadero amor y es lo único que me importa: Pepe y mis hijos. Pepe se ha convertido en una persona imprescindible para mí, desde que le conocí y me enamoré locamente de él, hemos estado juntos y no pienso dejarle escapar. Es un hombre muy inteligente, un buen esposo y compañero, y un padrazo. Mi marido es el hombre ideal de mi vida. Me ayuda y me aconseja mucho. Llegó a mis cuarenta y dos años y, como decía antes, no pienso dejarle escapar.


A veces se tiene que someter a regímenes alimenticios muy estrictos. 

“SOY UNA MADRAZA MARAVILLOSA”
-Estoy loca con mis dos hijos. El mayor premio para mi hija Thais es dormir con sus padres. A mí me adora. Y procuro no pasarles muchas cosas para que se eduquen bien, pero he de reconocer que soy un poco blanda. A Pepe le ocurre lo mismo. Es tan maravilloso verles crecer felices, que sólo por mis hijos sería capaz de dejarlo todo, hasta mi profesión. En una palabra pienso que soy una madraza maravillosa.
-A tus cincuenta y ocho años te muestras como una mujer espléndida. ¿Qué haces para mantenerte así?
-Un poquito de ejercicio. Cuando estoy en Palma de Mallorca voy a clase de ballet. Como productos muy sanos. Siempre verduras y pescado. Además, como soy muy feliz, se me refleja también en el aspecto físico. Elimino las grasas y como soy propensa a engordar, hago regímenes bastante estrictos. Una de las ventajas que tengo es que ni bebo ni fumo, y eso es muy bueno para la salud y el buen estado físico.

“NUNCA HE OCULTADO MI EDAD”
-A pesar de lo que muchos puedan opinar, nunca he ocultado mi verdadera edad. Siempre que he podido he festejado el cumpleaños. Cumplir años y saberlos llevar es muy bonito. No tengo ningún tipo de complejo ni trauma con lo de los años. La salud sí que me preocupa; los años, no.
-¿Cuál es el balance de tu profesión a lo largo de tu dilatada carrera?
-Maravilloso. He sido profeta en mi tierra y fuera de ella. ¿Qué más puedo decir? El espectáculo que he presentado en Barcelona ha funcionado perfectamente. Ahora me marcho a México y a Los Ángeles, donde permaneceré hasta mediados de junio. Creo que mi carrera me mantiene en forma y el público es tan maravilloso que me da ánimos para seguir trabajando.


Una mujer que ha triunfado en su profesión, pero que no le importaría abandonarla por sus hijos. 



A sus cincuenta y ocho años, Sara aparece espléndida. 
Tras el éxito en Barcelona, Sara marchará en breve a América. 

-¿Estás reñida con el cine?
-Dije adiós al cine en el 76, cuando el destape. Aquel cine era barato, de mal gusto. No me interesaba. Ahora he tenido alguna que otra propuesta. Me estoy pensando el tema. Pero de momento prefiero seguir con el teatro, que me subyuga y propicia el contacto directo con el público. Cuando hago teatro me lo paso bomba.
-Tu belleza ha llegado a ser mítica. ¿Crees que contigo se rompió el molde?
-Más bien creo que marqué una época. Nada ha sido ficticio. Mi forma de hablar, mi manera de cantar es totalmente mía, nada estaba estudiado ni preparado. Todo ha sido natural.
A sus cincuenta y ocho años, Sara dice que le quedan muchas cosas por hacer y que cumplir todavía… “La vida es maravillosa y a mí me gusta vivirla. Pero soy consciente de que tengo cincuenta y ocho años y dos hijos a quienes educar y criar. Quiero que ellos disfruten tanto de la vida como yo lo he hecho. La mayor satisfacción de Pepe y mía es ver cómo nuestros hijos crecen felices junto a sus padres”.
Sara Montiel, mujer Piscis y, sobre todo, bella. La última diva.

Chelo GARCÍA-CORTÉS
Fotos: GARCÍA-CORTÉS, CASALS
Vestuario: Emilio GUCCI, VALENTINO y SANT LAURENT


LA FOTO CCLXXVI


Inolvidable. Un fotograma de 'La violetera'. 

domingo, 18 de febrero de 2018

ESPECTÁCULO - Mayo de 1.957 - España


La diva solo aparece en la portada. 

SARA MONTIEL FIRMA CON BENITO PEROJO
La guapa y famosa estrella de nuestro cine Sara Montiel ha firmado un importante contrato con el productor Benito Perojo para hacer cuatro películas. En la foto aparecen la actriz y el productor instantes después de la firma del trascendental contrato.
La primera película que rodará Sara Montiel será “La violetera”, bajo la dirección de Luís César Amadori que comenzará en el próximo septiembre una vez que la estrella haya terminado sus compromisos en Hollywood.

(Foto Saiz)


EL RECORTE CCLXXV
Hasta que llegaron los fabulosos contratos, Sara Montiel tuvo que irse de España en busca de un futuro más prometedor. En estos años es cuando rueda sus películas en México y Hollywood.... Luego vino el 'Cuplé', y el éxito absoluto. En 1.997 se presentaron en VHS sus mejores filmes aztecas. Así recogió la noticia la revista Diez Minutos en Diciembre de aquel año. 

Sara presentó en vídeo sus mejores películas mexicanas
“Mi belleza me impidió conseguir buenos papeles dramáticos”
Rememoró sus felices momentos en el país azteca

Toda una vida. Han pasado casi 50 años desde que Sara se hiciese en México el cartel delante del que posa y el momento en que se tomó esta foto. La belleza y la sensualidad de Saritísima la convirtieron en una leyenda viviente. 

Vestida de encajes, transparencias y brillos, con lentillas verdes y fumándose un puro, Sara Montiel apareció espectacular en la Sociedad General de Autores, en Madrid, donde se presentaban en vídeo sus mejores películas mexicanas.
-¿Por qué te fuiste de España tras rodar “Pequeñeces” y “Locura de amor”?
-Porque aquí sólo me daban papeles pequeños. Mi belleza era un impedimento para que me ofrecieran papeles dramáticos. Miguel Mihura me aconsejó que me fuera a México porque estaba más cerca de Hollywood.


Fiel a su costumbre, Sara se fumó un puro en la presentación de sus filmes mexicanos. 

-¿Qué tal el salto a Hollywood?
-Los de la Warner me vieron en “Cárcel de mujeres” y a continuación rodé “Vera Cruz”, con Gary Cooper y Burt Lancaster.
-¿Qué tal tu relación con el austriaco Nicolás Slamezka?
-Es un amigo con el que, de vez en cuando, juego a las cartas.


Sara recibió una placa con las carátulas de sus películas mexicanas. 

A Sara le espera un 1998 repleto de proyectos. En febrero regresará a México donde tiene contratadas varias actuaciones y le han ofrecido una serie de cien capítulos. TVE también le ha ofrecido una serie. Sara tiene que decidir.

Agustín Trialasos
Fotos: Antonio Cuenca


LA FOTO CCLXXV


Muy sensual en los '50. Otra de Ibáñez. 

lunes, 12 de febrero de 2018

PRIMER PLANO - 26 de Mayo de 1.957 - España


La diva solo aparece en la portada. Dice esto: 
SARA MONTIEL
Ha llegado a Madrid, procedente de Hollywood, nuestra bellísima estrella SARA MONTIEL, para agradecer personalmente al público y a la crítica el entusiasmo con que acogen su actuación en “El último cuplé”.

(Fotografía R.K.O. de su tercera película norteamericana “Run of the Arrow”)


EL RECORTE CCLXXIV
Probablemente cuando Sara le dijo 'sí' a Juan de Orduña para 'El último cuplé' nunca imaginó que dijo 'sí' a un mito, ella misma, que perduraría en el tiempo. A casi 25 años de la mítica película, esta es la semblanza que de su carrera y su leyenda hacía ella misma para la revista Cambio 16. Era en su número de 12 de Octubre de 1.981. 

El penúltimo cuplé
SARA MONTIEL
llega tranquilamente a la madurez

La estrella permanece fiel al escenario. Todavía no ha sonado su último tango. 

Aquel bailarín argentino la llevaba suavemente, con la mano derecha apoyada en su cintura, a lo largo del pequeño rellano al que daba el camerino. Juntos, evolucionaban bajo la escalera de las oficinas, casi entrando alguna vez en la boca del escenario. El vestido rojo de ella, de lentejuelas, abierto a un lado, rozaba con sus hermosas piernas y hacía un ruidito crujiente -¡Fff!, ¡Fff!-, como si fuera champán. Ella bailaba muy seria, mientras su joven acompañante le susurraba los pasos numerados del tango. Cuatro, cinco, seis, vuelta. Dos empleados del teatro la observaban en silencio. En cuanto acabó el ensayo, ella volvió a su reducido santuario, lleno de luces, vestidos y telegramas. Un cuarto de hora después, todo el teatro aclamaba la destreza del tango y la voz y la belleza de la mujer. Sara Montiel, a los cincuenta y tres años, triunfaba de nuevo.
Más tarde, Sara se metería al público, literalmente, en el bolsillo de su estrechísimo y refulgente pantalón, mientras bajaba al patio de butacas a los sones de una vieja canción, Las camareras. “Echa té, echa té”, cantaba tumbada sobre cuatro piernas masculinas, las de dos sorprendidos espectadores de la fila 5. Y luego, con Nena, El relicario y La violetera, volvió a representar el mágico drama de romanticismo desatado y nostalgia sentimental que ella creó, para maravilla de todos, con El último cuplé.
El último cuplé, estrenada en 1957, es la película de mayor éxito en la historia del cine español, que inventó una moda, originó un estilo y lanzó a una estrella: Sara Montiel. Toda España, y luego toda Hispanoamérica, quedó encandilada, como por brujería, ante aquella actriz y cantante de morena sensualidad, voz suave y grave, y escote prodigioso. Lo de Sara Montiel fue una revelación. Ya había hecho bastantes películas en España –la primera en 1944-, en México e incluso en Estados Unidos –como Veracruz, con Gary Cooper y Burt Lancaster, y Yuma con Rod Steiger-, pero ninguna se podía comparar con El último cuplé. La gente volvía una y otra vez a ver la película, se aprendía sus olvidadas canciones de memoria, compraba los discos, padecía el síndrome del cuplé. Los hombres la deseaban, las mujeres quizá también.


Sara Montiel: la belleza de los cincuenta años. Su estilo marcó toda una época. 

El rostro de Sara Montiel fue el de la España de los años 50, la imagen en que se quería reflejar todo el país, cansado de posguerra y de vida cuartelera. Sara –Sarita, todavía- restauró a los españoles los cinco sentidos. O quizá más.
Sara Montiel fue la heredera de Raquel Meller y de Imperio Argentina, pero llegó más lejos que ellas en la explotación de su propio mito. El último cuplé dejó una estela de películas –La violetera, Carmen, la de Ronda, Mi último tango, La reina del Chantecler y muchas otras- que apuraron hasta la última viruta el frondoso árbol de la nostalgia, del cuplé, la tonadilla, la belle époque, la mujer fatal devoradora de hombres y los galanes de cartón piedra.
A Sara Montiel le salieron decenas de imitadoras, pero fue ella misma la que mejor se imitó. Con el tiempo, la fórmula quedó vieja, y aunque Sara la compensaba con discos y actuaciones como cantante, el brillo de la estrella empezaba a disminuir. En Varietés, un film dirigido por Juan Antonio Bardem en 1971, Sara Montiel trató de recuperar la dignidad perdida por ese género de cine, pero pocos años después decidió no hacer más películas.
Fue cuando nació otra Sara, más moderna, más madura, con la misma piel –canela- y la misma mirada –turbadora- pero con otro estilo y otra “clase”. Sara Montiel dejó de ser “la Sarita” para convertirse en “Saritísima”, según el afortunado título de un artículo del escritor catalán Terenci Moix.
Sara Montiel aceptó de inmediato aquella condecoración verbal y la utilizó para dar nombre a un espectáculo de music-hall que montó en el Paralelo de Barcelona. Allí, en las ruinas de lo que había sido el Broadway español, en el mismo teatro donde ella había rodado unas escenas de El último cuplé, empezó Sara a hacer realidad la ficción de sus películas, revistiéndose de paso la señorial madurez que exhiben actrices como Elizabeth Taylor o Lauren Bacall.
Y así, madura y bella, y con tranquila solemnidad, volvió Sara Montiel al camerino, finalizada la función de tarde de Doña Sara de la Mancha, su actual espectáculo en el teatro La Latina, de Madrid, llevando de la mano a su pequeña hija Thais, que a los dos años y medio de edad ya sabe ayudarle a repartir claveles desde el escenario.


"Cómpreme usted este ramito, pa lucirlo en el ojal"
"La violetera", inmarchitable.

En el mismo rellano donde, una hora antes, Sara Montiel había ensayado los complicados pasos del tango, esperaban los fans, los que querían su autógrafo, los que tan sólo deseaban verla de cerca, un joven actor en gira que tenía un día de descanso en Madrid y una niña de once años que lloraba desconsoladamente sin saber explicar por qué. Tan fuerte es, a veces, el efecto emocional de un escenario.
Hasta la función de la noche quedaba escasamente una hora. Sara Montiel se quitó el brillante vestido de cola, transformó su cabellera castaña en una trenza y se puso una bata de terciopelo negro. Al lado del camerino, en un corredor del interior del teatro, había una mesa con mantel de hule y servilletas de papel, que parecía de restaurante económico. Allí cenó Sara Montiel merluza a la parrilla y una manzana, junto a su marido y productor de sus espectáculos, José Tous, y los cantantes José Guardiola y Ramón Calduch, que actúan con ella en la función.
Luego volvió al rito de los vestidos y los peinados, a ensayar el tango con el bailarín argentino, bailarlo en escena, descender al patio de butacas y repartir claveles con un beso. Por la noche no salió su hija –que a esas horas dormía ya en casa- pero la acompañó Cuchi, su diminuto caniche gris, que también tiene madera de actor y se va solo al escenario en cuanto oye los primeros acordes de La violetera.
Cuando Sara se marchaba esa noche del teatro, abrigándose garganta y boca con un blanco echarpe de lana, una mujer de unos cuarenta y cinco años bajó el cristal de la ventanilla de su coche y le gritó: “¡Adiós, bonita!” Qué extraña diferencia con lo que solía ocurrir veinte años atrás, cuando las mujeres la miraban con una mezcla de envidia y celos. Hoy, Sara Montiel es para todo el mundo como de casa, como un lujo acostumbrado y placentero.
Al día siguiente, que era de descanso, Sara estaba en su gran piso de la Plaza de España, con vistas al sur de Madrid, y ordenaba cuadros y muebles. Llevaba un vestido blanco, de tipo ibicenco, el pelo suelto y ningún maquillaje, a excepción de un poco de sombra en los ojos. Su marido, con el torso desnudo, trataba de encontrar sitio para dos pequeñas pinturas de la propia Sara, dos paisajes de fuerte color.
“Está la casa hecha un lío –dijo Sara-, porque casi no hemos vivido aquí en todo el año. Después de la gira por Sudamérica, he estado haciendo galas en varias ciudades. Además, nuestra casa de verdad, nuestro centro está en Palma de Mallorca.”
En Palma vive Sara Montiel desde hace diez años, cuando conoció a su actual y tercer marido. José Tous es un empresario mallorquín, introducido en el mundo de la prensa –es presidente del Consejo de Administradores del diario Última hora- y del espectáculo –tiene varios cines y teatros, y un bingo, el Balear, del que se dice que es el segundo de España en recaudaciones.


Trajes de lentejuelas, boas de pluma, "music-hall". Técnica americana para cantar cuplés. 

Sara Montiel volvió a mirar los cuadros de su salón. Uno de ellos, pintado por Roca Fuster, la mostraba desnuda, entre ángeles y sedas botticellianas, el pelo recogido y la luz brillando en sus altos pómulos. “Me gusta mucho la pintura –dijo-. Antes tenía más cuadros aquí. Tenía también unas cerámicas de Dalí, originales y firmadas, pero me han desaparecido mientras arreglaban la casa los albañiles. Una pena.”
Se sentó en un diván y pidió a su asistenta una ginebra con tónica. Sara no bebe mucho, pero cuando toma una copa suele ser de ginebra. La noche anterior, después del teatro, había ido a una discoteca bastante exquisita cerca de la Puerta de Alcalá, y también pidió un gin-tonic. Allí se encontró con Juan Gyenes, el famoso fotógrafo, que la conoce desde hace casi cuarenta años, cuando le hizo las primeras fotografías, aún adolescente y recién llegada de Orihuela con su madre, decidida a ser artista.
Las fotos de Gyenes llegaron a Cifesa, la importante productora cinematográfica española de aquellos años, que la contrató inmediatamente para una película de Ladislao Vajda, el checo afincado en España que luego se haría famoso con Marcelino, pan y vino. Aquella primera película, titulada Te quiero para mí, tuvo rápida continuación: Empezó en boda –junto a Fernando Fernán-Gómez-, Bambú –al lado de Imperio Argentina-, Mariona Rebull, donde cantó su primer cuplé, y sobre todo Locura de amor, donde interpretaba el papel de Aldara, la amante mora de Felipe el Hermoso (Fernando Rey), marido de doña Juana la Loca (Aurora Bautista).
El director de Locura de amor fue Juan de Orduña, quien después de la estancia de Sara en México y Estados Unidos, la volvió a llamar para que protagonizara El último cuplé. Y el resto está en las enciclopedias.
“Ni en sueños podía yo imaginarme aquel éxito –dijo Sara, mientras jugaba con su pelo y se hacía una pequeña trenza a un lado-. Yo venía de una familia muy humilde. Mi padre era labrador en Campo de Criptana (Ciudad Real). Pero estaba muy enfermo, tenía asma, y los inviernos los pasaba muy mal, porque hacía un frío muy seco. Le recomendaron otro clima y nos fuimos todos a Orihuela (Alicante). Yo tendría entonces cuatro años.”
La pequeña Sara –su verdadero nombre es María Antonia Abad- no fue siquiera a la escuela. Le enseñaron a leer unas monjas, cuando ya tenía nueve o diez años. También le enseñaron a cantar. Luego, cuando estuvo en México estudió arte dramático, y en Los Ángeles dio clases con el director Elia Kazan. “Pero yo creo que el mayor porcentaje de mi éxito se debió a una personalidad propia, muy mía –añadió Sara-. Era un estilo de cantar, de vestir, de moverse, un estilo de maquillaje, una manera de actuar.”


"El último cuple" (1957), una reciente sesión fotográfica, y "Carmen, la de Ronda" (1959)
Una belleza natural y una estudiada fotogenia. 

La Mae West manchega
Fue también una bomba erótica en la reprimida España de los años 50. En la pantalla, su rostro, su cuerpo y su voz eran sexo puro. Tenía una manera de seducir muy inmediata, nada artificiosa ni convencional. Y estaba al extremo opuesto de la pornografía. Como ella misma cantó en el cuplé La pícara ingenua: “Porque la que practica la ingenuidad, de todo lo que tiene, enseña la mitad”. Sara Montiel era una mujer que podía entrar perfectamente en la vida de cualquier espectador. Era lo contrario de Greta Garbo, por el lado serio, y de Marilyn Monroe, por el frívolo. Era española, racial, pero nada folklórica. Era una mujer de verdad.
Todavía hoy lo es, aunque ya no haya muchas mujeres como ella. Sara Montiel encarna los atributos femeninos por excelencia. Por eso le cae tan bien a las mujeres. Y a los homosexuales. Ella es la reina de las reinas, la emperatriz adorada del mundo gay. A los travestis les encanta disfrazarse de Sara Montiel, la Mae West manchega. Porque son, como ella, más femeninos que las mujeres.
“Es cierto, están enloquecidos conmigo”, dijo Sara, y volviéndose a su marido preguntó: “Amor, ¿cómo podrías tú contestar a esto?, porque es verdad”.
“Yo creo que se ven en ti –dijo él-, porque eres la imagen de lo que ellos quisieran ser.”
“Bueno, yo tengo amigos que me dejan, vamos, anonadada, con la boca abierta –añadió ella-. Porque se maquillan, se arreglan y se visten igual que yo. Y en los carnavales de Río de Janeiro hubo, hace años, dos premios por parecerse a mí.”
Sara, que siempre ha estado muy segura de sí misma, reconoció la importancia y el valor de su belleza, pero dijo que nunca se ha empeñado en prolongarla hasta donde era físicamente imposible.
“Yo tengo la cabeza sobre los hombros –afirmó-. Y actúo y voy por la vida con arreglo a la edad que tengo. Bueno, ahora ya no estamos en la época de ir de negro y llevar collares de perlas, cuando una mujer de veintiocho años, si no se casaba era ya una solterona. Hoy, una mujer de cuarenta, cincuenta o sesenta años puede ser joven si está –chasqueó los dedos- al día.”
Ella, desde luego, no dejó un solo día de estar al día. Sobre todo en el terreno amoroso. Ya de jovencita tuvo numerosos amantes, algunos bastante conocidos en el mundo del cine o la literatura. Y se casó tres veces: la primera con el director norteamericano Anthony Mann, luego –y esta vez por la Iglesia- con un industrial llamado Ramírez de Olalla, y la tercera con José Tous.
Con ninguno de esos tres maridos logró tener hijos. “Aborte once veces, pero ninguna de ellas voluntariamente –dijo-. “Yo estoy en contra del aborto. Lo que pasa es que he llegado a estar muy grave. Llegué a perder un hijo de ocho meses. Fue el primero, me caí por unas escaleras y se me descolgó y se me murió dentro. Ahora tendría veintiún años. Luego perdí los demás –añadió- . Siempre me dijeron que yo tenía edema de King. Yo estoy bien, soy una mujer normal, pero he tenido mala suerte”.


Sara Montiel en familia.
Con José Tous, su marido y su hija Thais. 

Directora de televisión
Sara Montiel y su marido tuvieron que optar por los hijos ajenos. “Nuestra hija Thais, que nació en Brasil, no es adoptada sino legitimada –dijo ella-. Ahora queremos un niño. Hubiéramos querido tenerlos antes, pero no pudimos. De todas maneras, no nos importa la diferencia de edad con ellos, porque nosotros no somos padres tardíos, sino abuelos prematuros. Y dentro de diez años –añadió-, como seguiremos siendo muy guapos y muy arreglados y muy bien, nuestros hijos no nos tomarán por abuelos”.
“Nos casamos civilmente el año pasado –dijo Sara-. Nosotros no creemos en el matrimonio, pero lo hicimos por la niña.” Por Thais, su niña, la actriz ha hecho más cosas. Por ejemplo, ir a misa. “Yo creo en Dios –dijo-, pero no en la Iglesia. Sin embargo, creo que a la niña tengo que enseñarle todo y luego escogerá ella lo que quiera.”
Hubiera parecido, al oír sus palabras, que Sara Montiel es una mujer franca y abierta. Quizá sea así, pero también es muy precavida y cuidadosa con lo que dice. “He tenido que tragar mucho en mi vida –concedió-, al principio, en medio y ahora. Ha habido gente que me ha hecho mucho daño.” Pero no quiso ser más explícita ni dar nombres.
“Habrá que esperar a que se publiquen mis memorias –dijo-. Ahí sale todo. Voy a decir todo. Alguno se va a picar, si.”
Esas memorias no son, por ahora, más que 200 folios que Terenci Moix ha recogido de sus conversaciones con ella. Ella aclaró que no tiene veleidades literarias. Sin embargo, publica cada semana un artículo con su firma en una revista. “Yo lo grabo en un magnetófono y luego mi marido lo corrige”.
Otra cosa que hace es estudiar la técnica de la televisión. Sabe que las cadenas privadas están al caer y ella quiere dirigir sus propios programas. En realidad, muchas de sus películas están casi dirigidas por ella. En el mundo del cine español daban miedo sus conocimientos sobre los objetivos, la iluminación y los ángulos de cámara.
“Es que eso hay que saberlo –adujo ella-. Hay que saber si te están enfocando con un objetivo de 50 milímetros de distancia focal o con una de 75, o con uno de 120. Porque si es un primerísimo plano, que le toma desde la mitad de la frente a la mitad de la barbilla, tienes que actuar de diferente manera a si es un plano general. Esa es una técnica que requiere el cine. Es lo contrario que el teatro, donde hay que ser más espectacular, más exagerada, porque la fila más cercana está a cuatro o cinco metros del actor, mientras que en la pantalla cinematográfica están ahí, presente. Y esa técnica yo la tengo que conocer. Y el que no la conoce, después de llevar tantos años en el cine como yo, es que es un zoquete.”


Con Fernando Rey en "Locura de amor" (1948)
Primeros pasos de una estrella. 

Sin embargo, Sara Montiel ya no quiere hacer más películas. “El cine español ya no va por mi línea –dijo-. Es un cine muy raro, muy preocupado por la pornografía. Fuera de Berlanga, Saura y Eloy de la Iglesia –en esas cosas fuertes que hace éste de vez en cuando-, el cine español actual no me interesa.”
Tampoco le interesó Buñuel cuando ella vivía en México. “Buñuel hizo muchas películas allí, pero eran muy malas. Después, cuando volvió, parece que los aires de Europa le sentaron mejor”.
Sara Montiel dio un último sorbo a su gin tonic. Se levantó para probarse un vestido del espectáculo que la modista estaba arreglando. ¿Se veía a sí misma, dentro de veinte años, en el escenario? “No, no –dijo con una sonrisa-, dentro de veinte años, no. Quizá dentro de seis, o cinco, o tres. A lo mejor entonces digo que me he cansado.” Por ahora, sigue cantando, cada noche, su penúltimo cuplé.

José Luís Rubio


LA FOTO CCLXXIV


Ibáñez inmortaliza el bellísimo perfil de Sara a finales de los '50.